Erdogan, a la sombra de su caricatura

 

 

Erdogan, a la sombra de su caricatura

“Charlie Hebdo: Sois unos bastardos. Sois unos hijos de puta”.

Así se dirigió Serdar Çam, viceministro de cultura y turismo de Turquía, a la revista satírica francesa Charlie Hebdo en Twitter,

La historia no es más que otro capítulo del eterno caso conocido como el de “las caricaturas de Mahoma” que, lejos de apaciguarse, se ha cronificado sin remedio a la vista.

Resumiendo mucho, tras el brutal asesinato y decapitación del profesor Samuel Paty en Francia, una vez más a cuenta de las tristemente famosas caricaturas. Emmanuel Macron se plantó en defensa del derecho de blasfemia sentenciando: “Nunca cederemos”, como respuesta a la llamada al boicot de productos franceses en Oriente Próximo y el norte de África.

Por si la bronca no tuviera ya suficientes contendientes, entró en escena el presidente turco Recep Tayyip Erdogan que, además de impulsar el boicot, puso en duda la salud mental de Macron preguntándose:

¿Qué problema tiene Macron con el islam, qué problema tiene con los musulmanes? Macron necesita una terapia de atención mental”.

Esto provocó que Macron retirara temporalmente a su embajador en Ankara.  Erdogan también acusó a Occidente de intentar “relanzar las cruzadas”.

Erdogan, a la sombra de su caricatura 1Pero como este choque es una carrera de fondo por la respuesta más contundente, apareció de nuevo Charlie Hebdo con su portada del 28 de octubre en la que retrataba a Erdogan en gallumbos y que fue el detonante de la respuesta airada del viceministro turco de cultura.

Turquía anunció acciones legales y diplomáticas contra la revista por esta caricatura. Según la agencia turca Anadolu, el abogado de Erdogan, Hüseyin Aydin, ya ha presentado además una denuncia por “injurias contra el presidente” ante la fiscalía de Ankara.

Solicita que se juzgue según código penal turco al ultraderechista neerlandés Geert Wilders por compartir una caricatura de Erdogan con una bomba con la mecha encendida en la cabeza, inspirada en una de las conocidas viñetas danesas sobre Mahoma.

La Fiscalía turca también ha abierto una investigación penal contra la revista por la publicación de esta caricatura de Erdogan en calzoncillos en actitud festiva.

Las reacciones se suceden desde distintos países, así, el presidente egipcio, Abdelfatah al Sisi, decía ayer en alusión a la posición de defensa de las caricaturas por parte del presidente francés:

Si la gente tiene derecho a expresar lo que se le ocurre por sus pensamientos, imagino que esto se termina cuando se ofende los sentimientos de más de 1.500 millones de personas“.

Desde aquí replico al aire. Sí, el derecho de la gente a expresar lo que se le ocurre en sus pensamientos para dibujar unos chistes existe, igual que existe el suyo a quejarse y opinar lo que le parezca conveniente al respecto. Más allá de esas reacciones naturales o no, no hay absolutamente nada salvo las leyes sobre la materia. Por supuesto las de cada país dentro de sus fronteras.

Erdogan y las viñetas

Sea como sea, la administración de Erdogan no es precisamente es un ejemplo de buena gestión en materia de libertades y derechos humanos y su cabreo permanemente con las viñetas, principalmente en las que aparece su caricatura, es ya histórico. El presidente turco tiene un largo historial de denuncias contra revistas y dibujantes. La guerra particular que libra contra las viñetas y su obsesión por denunciar, multar y detener a los autores, o a todo aquel que las difunda,  se remonta a principios de 2000.

Erdogan no dejó de perseguir durante años al dibujante Musa Kart, y a sus compañeros  del diario Cumhuriyet, hasta que consiguió llevarlos a la cárcel, además atesora una larga lista de denuncias para retirar contenido de internet y también ha capado webs y blogs donde aparecen viñetas y textos crfíticos para intentar que no reciban visitas desde Turquía.

Para Erdogan, las libertades son papel mojado. Y la de prensa no iba a ser menos. Tras cepillarse un montón de cabeceras, cerrar emisoras de radio y canales de televisión, siguió con la gran purga en la que al menos 130 periodistas fueron detenidos tras el intento de golpe de estado de 2016. Cerró unos 150 medios en apenas tres meses.

Erdogan, a la sombra de su caricatura

 

 

 
   

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