El sarao español

 

El sarao español

¿Desde cuándo se ha visto que simples paisanos de andar por casa tengan los mismos privilegios que los políticos, la ministrada y sus coleguitas de las empresacas?

Cuando monte un negociazo de esos de partir la pana en el IBEX o sea capaz de construir hospitales inmensos sin médicos, o bien se arrime a un partido y pille cartera de ministro, le invitarán a fiestukis guapas. Paciencia.

Mientras tanto puede deleitarse con la galería (ya la busca usted, si eso) de fotones con encuadre de cabezón, o medio busto, de las ilustres figuras que cortan los bacalaos en este nuestro estado de alarma a las que Pedro J invitó a su sarao.

Aquí lo del estado de alarma, el toque de queda y todas esas chorradas sanitarias eran irrelevancias, lo importante era que el tirantes hiciera gala de su poder de convocatoria.

Casi todo hijo de vecino ha ido alguna vez a un acto así, cuando curraba en una tele local tuve que ir por causas de fuerza mayor a muchos de estos convites. No hay apenas diferencias en el planteamiento más allá de la envergadura social de los citados.

El enunciado de estos clásicos suele ser lo de menos, pero se intenta que tenga pinta de homenaje, premio o cosa muy importante para que las fuerzas vivas se sientan en la obligación institucional de pasear el jeto por allí, al menos un rato.

Con el reclamo de las personalidades, el dueño del boletín y convocante se asegura que sus anunciantes, socios y amigos se sentirán más importantes al poder codearse con las autoridades. Así pueden “salir en los papeles” y tener una foto con personas ilustres para luego ponerla sobre la mesa de su despacho o colgarla en la pared tras su butacón de mandar. Es como comprar un DLC para potenciar la influencia.

Piyei tuvo que defender la fiesta en los medios asegurando que todo aquello fue normal, natural, necesario y crucial para la buen funcionamiento de la nación. Y que toda crítica estaba motivada por el odio de las redes sociales y la envidia que le tiene el resto de mortales terrestres.

Ya que estaba, aprovechó para cargar contra Podemos, el único partido que no tuvo representación en su noche de netgüorking para reprocharle que llevaba seis años invitándolos y no iban. Ya saben, cosas de Pedro J. y su ombligo infinito.

El ministro de sanidad, Salvador Illa, sobre su asistencia a la Crazy León Party, escenificó hoy una pirueta con trazas de disculpa con un pero inverso incluido, diciendo que no se quedó a cenar y que, aunque se cumplía con las reglas y las distancias, “muchos ciudadanos no lo han entendido, pero tienen razón”. “La mejor distancia es no estar”, añadió.

Ahí le doy la razón, ninguno de los asistentes debería estar ni en una fiesta churrigueresca y marketiniana de una empresa, ni en ningún otro lugar con responsabilidades sobre cualquier cosa que pueda afectar a esos ciudadanos.

 
   

Un comentario

  1. santino 29 octubre 2020

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