Retrasos en el cobro de los ERTE



       
     

Retrasos en el cobro de los ERTE

Retrasos en el cobro de los ERTE

Viñeta del sábado 20/06/2020 en CTXT

Un 40% de los jóvenes en ERTE corre el riesgo de perder su empleo según  un informe publicado conjuntamente por el Instituto de la Juventud (INJUVE) y el Consejo de la Juventud de España. Difícil es saber todavía qué destino correrán los empleos de los trabajadores de otras edades, pero no pinta bien. Dependerá de no pocos factores; en principio de la evolución de la pandemia, de por dónde quieren llevar eso de la reconstrucción y cuántas concesiones suicidas se hagan a los dioses. Pero eso ya lo iremos viendo.

Lo que sí es más que evidente es que muchas personas que han terminado en un ERTE están sufriendo un retraso importante en el cobro que no sólo está incrementando su cabreo, también está minando su economía familiar.

Asomarse a las redes sociales para intentar conocer el alcance de un problema no siempre es aconsejable, se puede terminar atrapado en espirales con discusiones envenenadas de intereses espurios. Aún así, sabiendo rebuscar se pueden encontrar muchos testimonios “límpios” de personas afectadas por estos retrasos.

Lo más decepcionante es cruzarse con personas, supuestamente progresistas, o como quieran denominarlas, que pretenden convertir las reclamaciones, más bien pataletas en abierto sobre los retrasos en el cobro de los ERTE, en un ataque político orquestado por agentes desestabilizadores de la derecha. Así es el infantilismo moderno.

Los hay incluso que niegan la existencia de los retrasos sintiéndose atacados en sus ideas, parte de razón no les falta, la ultraderecha más reaccionaria está capitalizando este problema real para otros fines. Otro ejemplo más de cómo la izquierda ha perdido el discurso de lo social, más bien se lo ha dejado robar por incomparecencia y por esa alergia absurda a la autocrítica constructiva y lo que es peor, a la acción más allá del trending tontic y el postureo en los distintos cacharritos sociales.

A todos estos cerriles aficionados a poner muy tieso el brazo derecho sólo hay que recordarles que donde gobierna el PP con la ayudita de VOX, también siguen sin soltar la ayuda a los autónomos pedidas desde el 17 de abril y que dicen que empezaron a pagar a mediados de mayo, e incluso paralizan la Renta Mínima de Inserción por bulerías.

Y esto no es de ahora, por el asunto de la pandemia y eso. Ya en 2019 el Defensor del Pueblo Andaluz denunció retrasos en el acceso a la Renta Mínima de Inserción Social en Andalucía, de ocho meses de media, en lugar de los dos meses preceptuados para que la resolución sea dictada y notificada.

 

Alguna historia de tantas

Tras contactar con varias de esas personas que están esperando cobrar desde marzo me he quedado con una historia porque afecta a varias personas de la misma empresa y el relato era fiable y estaba documentado.

Bárbara trabaja para una cadena de tiendas de ropa en Madrid, sigue sin cobrar el ERTE. Otras compañeras en otras tiendas de la marca en Madrid están en la misma situación, más o menos la mitad de la plantilla. Sabe que en tiendas de la empresa en otras comunidades hay más casos, pero desconoce el número exacto.

Entraron en ERTE el 14 de marzo, hasta el 17 de mayo.

El 18 de mayo se reincoporaron al trabajo con 36 horas por la empresa y cuatro aún en ERTE. A día de hoy, el ERTE completo del 14 de marzo al 17 de mayo, del que tienen el certificado, ni aparece tramitado en el SEPE ni se ha pagado.

Lo paradójico del asunto es que sí les han tramitado este segundo ERTE de 4 horas semanales, desde que se reincorporaron al trabajo. Cobran como prestación unos 45 euros por los días de mayo y unos 90 euros por el mes de junio completo; eso es todo lo que reciben como prestación en todo este tiempo.

Todas han buscado solución llamado cientos de veces a los números de teléfono ofrecidos por el SEPE, también los de oficinas, sin haber conseguido nunca que les conteste nadie, sólo pudieron “hablar” con el robot del SEPE, que siempre dice que todas las líneas están ocupadas y termina colgando.

También lo han intentado sin éxito escribiendo a correos electrónicos varios que ha dispuesto el Gobierno como [email protected],, no contestan ni resuelven nada a día de hoy, el primer correo fue enviado el 26 de mayo. También probaron escribiendo a correos de oficinas de Madrid. Mismo resultado, ninguno.

Han intentado además gestionarlo a través de un formulario de UGT, a primeros de junio, https://ugt.es/ugt-te-ayuda-reclamar-el-cobro-de-tu-erte, pero sin respuesta por el momento.

El departamento de Recursos Humanos de su empresa también ha estado intentando solucionarlo, pero dicen que tampoco reciben contestación alguna, o al menos eso aseguran. Lo que más les desespera es no sólo que hayan pasado ya 100 días  sin que les hayan tramitado ni pagado el ERTE completo en el que estuvieron, o que vayan a cobrar una miseria de prestación por las cuatro horas semanales de ERTE desde que han vuelto al trabajo; están desesperadas porque no es posible hablar con nadie por ningún medio y ya no saben qué más pueden hacer.

Bárbara pidió cita previa para atención presencial en una oficina hace unas dos o tres semanas ; se la han dieron para el 6 de julio (fecha en la que posiblemente se abran las oficinas al público), pero ni siquiera es 100% seguro que la vayan a atender. Debe esperar una llamada de confirmación que no ha recibido aún, sin esa confirmación de la cita no puede presentarse allí sin más. Sea como sea, el 6 de julio el daño en el bolsillo ya estará más que hecho. Eso con suerte y no haya que esperar un mes más.

Retrasos en el cobro de los ERTE

En su casa han tenido que hablar con el banco para aplazar el pago de un crédito y con el casero para intentar negociar alguna rebaja temporal en el alquiler. Entre las compañeras de Bárbara hay casos con situaciones personales aún más dramáticas.

Una de ellas convive con su marido, pero están virtualmente separados, le debe ya unos 2.000 euros por los gastos compartidos (alquiler de piso, agua, luz, comida, gastos del hijo de 18 años) porque depende ahora absolutamente de él y no tiene capacidad para independizarse.

Otra, casada y con un hijo, ha intentado negociar con su casero una rebaja del alquiler, que es de 1.200 euros, y le ha dicho que no. Ya no tiene dinero ni para comprarle ropa de verano a su hijo. Otra compañera sobrevive gracias a la ayuda de su novio y de su familia.

“La paguita”

La última vez que cobré el paro, al menos en efectivo, fue hace casi tres décadas, en 1992.

En 2006 capitalicé el paro de mi último empleo por cuenta ajena para financiar el coste mensual de las cuotas de la Seguridad Social ya que nada más ser despedido me di de alta como autónomo y así pude tener un desahogo relativo de un año con las cuotas mientras peleaba por conseguir clientes e ingresos .

Poco después nos comimos la crisis del 2008 entera y sin masticar, sin ayudas, a pecho descubierto como el común de los mortales. Sin aquello del colchón familiar. Nos acostumbramos a la economía de combate, en la que ya éramos expertos. Esto es; todo es prescindible salvo pagar el alquiler y sus gastos comunes asociados, la comida y ocasionalmente alguna prenda, toda cosa necesaria sólo se compra si existe la posibilidad de ahorrar su importe, algo que ya saben que no es fácil y en muchos casos imposible.

Podría entrar en detalles de otras artimañas de supervivencia, pero no quiero aburrir.

Por eso, cuando escucho a la piara de neoliberales muertos de hambre, muchos alimentados por las rentas de sus padres y a los obreros de la banderita hablar de “la paguita” despectivamente y relacionándola con la vagancia, la picaresca y la redes de esclavitud del voto a cambio de cuatro perras para unos cuantos, me secuestran los demonios porque hay que ser muy mezquino e insolidario para insultar así a personas que se ven desbordadas ante una situación ante la que nada han podido hacer.

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La insoportable estupidez de la administración digital

Capítulo aparte merece la epopeya de conseguir cerrar con éxito una gestión digital ante la administración. No hay paso en el que no tengas la sensación de que va a petar todo o que la van a rechazar porque patatas.

De no estar muy en la ruina como para tener que buscar ayudas a tener que tramitar tres de golpe, dos ante la Junta de Andalucía y otra ante la Seguridad Social, sólo ha mediado un virus.

Volver a toparse con los laberintos en los que han convertido eso de la administración digital ha sido otro de los motivos para la ansiedad durante la pandemia. Con los organismos para tramitar gestiones cerrados me he reencontrado con el desastre del certificado digital, que me ha vuelto a demostrar que sin la opción presencial para conseguirlo estás perdido. En enero anunciaron que iban a hacer un apaño a esto, ya tardan.

Tras la gesta de haber podido conseguir el certificado digital, la cosa no mejora mucho. Recuerdo  que cuando anunciaron, las varias veces que lo han hecho, el Ingreso Mínimo Vital sentenciaron que iba a ser un trámite fácil, muy fácil.

Es un diseño muy moderno, muy fácil”, sentenció entonces el ministro de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, José Luis Escrivá.

En mi descreimiento crónico ante estas afirmaciones tan contundentes recuerdo haber hecho varios chistes, me gustaría haberme equivocado.

Se da el caso que durante el trámite del IMV con certificado digital, que se supone que es tu firma válida, oficial y validada, te piden descargar e imprimir en papel el PDF de la solicitud, firmarlo a mano, escanearlo y volverlo a subir para firmarlo con el certificado digital.

Si alguien entiende esta incomprensible voltereta analógica-digital que me la explique y después vuelvan a decirme que esto es algo muy moderno y muy fácil para cualquier persona con aptitudes y recursos digitales “justos”. La cosa de la transformación digital no es que sea una asignatura pendiente, más bien es que está suspensa desde sus primeros intentos.

 







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