División de votos y partidos

División de votos y partidos

División de votos y partidos. Viñeta del 28/09/2019 en CTXT

No hay foro donde no se especule con lo que pasará con el voto el 10N, se dividirá, se diluirá, se perderá, se marchitará o se convertirá en una berenjena. Todos parecen saberlo.

La izquierda dividida, un clásico de tertulias y debates de ascensor que vuelve. Aún sigo partiéndome los esternones cuando se habla de Podemos como partido nacido de la esencia del 15M.

Más aún teniendo en cuenta que Pablo Iglesias llegó hasta a sugerir de manera distraída que había tenido algo que ver en con la creación del famoso «Pásalo« de marzo de 2004. El yoismo del cabeza de partido era mucho más que una evidencia desde su aparición. Y más risas cada vez que recuerdo aquel «Que se queden con la bandera roja y nos dejen en paz. Yo quiero ganar»  que Iglesias escupió a lo que consideraba vieja izquierda. El resto ya lo saben, IU sería parasitada cuando parecía que salía del eterno agujero.

 




 

Acampadas

El 15M con toda su épica, a veces mal entendida, sirvió para muchas cosas. Algunas buenas y otras no tanto, pero principalmente fue un terreno al que casi todos corrieron a ver si podían pescar algo. Pero eso no sucedió hasta que se dieron cuenta de que, independientemente de quiénes eran los chavales de las pancartas, había una masa importante de votantes para pastorear. Hasta los medios se tomaron en principio las convocatorias del 15 de mayo de 2011 como otra manifa más de de los cuatro de siempre. Luego vendrían miles de horas de críticas al perrofautismo y defensas de las movilizaciones.

 

División de votos y partidos

Viñeta del 26 de mayo de 2011

 

Incluso había gente del PSOE que llegó a culpar al PP de crear, instigar (o algo) el 15M. Y desde el PP culpaban al 15M de haber creado Podemos, otros conspiranoicos señalaban directamente a Rubalcaba.

Recuerdo una anécdota que me sucedió a las puertas de un colegio electoral, salía de votar en las municipales y me crucé con una concejal socialista. Iniciamos la típica charla protocolaria que terminó irremediablemente en debate político.

Esta persona cuestionaba el movimiento  15M y no confiaba en «los indignados» argumentando que no sabía quién los dirigía «en la sombra», ni quienes eran sus portavoces. Toda su preocupación era la posible victoria del PP por su culpa, sobre eso giraba todo análisis de lo que sucedía por las plazas.

A los indignados poco les duró la declaración de movimiento apartidista, los medios se encargaron de encarrilar la atención y marcar el debate. Buscaron representantes, orígenes e «instigadores». Donde no los encontraron, se los inventaron. Ventajas y desventajas de ser un movimiento sin estructura jerarquizada de líderes que se comporten como portavoces. Todo se centró en lo que pasaba en la Puerta del Sol cuando en el resto de ciudades había distintas realidades, casi tantas como movimientos y personas.

 

División de votos y partidos

 

Eran tiempos de auge de las redes sociales, pero los acampados cometieron el error de no controlar su información y se preocuparon demasiado por lo que iban diciendo en las teles, diarios y radios. Mal que nos pese, son lo que siempre han marcando la agenda y eso hicieron. Y llegaron los palos

Una vez manoseados por los medios, dejaron de parecer un movimiento social y no eran pocos los que empezaron a verlos como un partido fallido porque todo lo que se pedía tenía que pedirse en las urnas y no había otra. Eso de movimiento social les sonaba a cosa desconocida y peligrosa.

Así, el movimiento sin estructura clásica y con muchos objetivos ambiguos del rollo «lo queremos todo y lo queremos ahora» con un aire de revolución se fue apagando. Tras un mes de acampadas el 15M se desmontó para extenderse por los distintos colectivos que surgieron.

En 2011, PSOE y PP se repartieron los ayuntamientos en las municipales y en noviembre, el Partido Popular ganó las elecciones generales con los mejores resultados de la historia.

En 2014, Podemos consigue cinco escaños en las elecciones europeas.

 

Todo lo que vino después, salvo las siempre honrosas excepciones de movilizaciones ciudadanas, es mediocre.

Del no, punto, al voy pallá. Personalismo extremo, líderes Pop como primeras estrellas de cartel, políticos posando en portadas de revistas de moda y colorín, jetos como reclamo en las papeletas, zascas de tuiter. Codazos. Ruido. La nada.

Ni bases, ni círculos. Del nosotros al yo. A la carrera por la silla de líder. De la lucha contra el bipartidismo a la batalla por erigirse en nuevo ídolo.

 

División de votos y partidos

 



Post relacionados

¿Algo que decir?