La corrupción somos todos

 
     

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La viñeta de la semana en Gurusblog

La corrupción somos todos, suele decir el corrupto hasta las cejas.

Es el discurso envenenado de cabecera de esos sociólogos de palo que terminan sentenciando que la picardía (la mala) viene con nosotros de fábrica, que los chorizos que votamos son nuestro reflejo, que los hemos parido a nuestra imagen y semejanza.

En el fondo es una forma subliminal de justificarlo bajo un disfraz de reflexión profunda sobre el comportamiento humano.

Además, es lo primero que tiene escrito el corrupto en su chuleta de emergencia. Y a muchos les parece natural y hasta benigno. La política es así, piensan y dicen algunos. Lo robado no es de nadie ni está en ningún sitio. Se volatiliza.

El tiempo hará el resto, casos que tardarán décadas en cerrarse harán que parezca que siempre son cosas de un pasado muy lejano, de personas que ya no están en el partido. Rencores partidistas, odios interesados, guerras ajenas de ayer.

Lo que robas tú, lo pagamos todos

En este mensaje, el «tú» siempre es un paisano ibérico común. Nunca un gestor de lo público.

Este mantra es el de siempre, ya lo usó Hacienda en su campaña contra el fraude fiscal. Aún espero otra campaña igual con los corruptos amorrados en partidos e instituciones mangando a dos manos como protagonistas.

 

Es una estrategia fácil, generalizar hasta normalizar la corrupción, que todo es lo mismo.

Insistirán hasta que nos parezca algo cotidiano, nuestro, hasta que cale el mensaje de que es la misma mierda la supervivencia en la economía sumergida que trapichear a gran escala con el chanchullo político.

La culpa y origen de la corrupción estará siempre en el conjunto de la ciudadanía. De su condición.  Y ahí termina todo. Ese mensaje, por fácil, termina calando y hasta se encuentran ejemplos, entre los tres millones de columnas de opinión, que terminan señalando al ciudadano, a bulto. Como este:

ciudadano

Pero no, no vivimos en el mismo barrio. Nadie de mi entorno ha podido levantarse un fortunón engañando al fisco, ni trinca comisiones gordas de obras bajo mano, ni tiene dos o tres Offshore, ni mama del dinero para la formación de los parados, ni tiene una tarjeta oscura, sin límite de dinero gratis, para regalarse caprichos de marqués putero.

Hacer pedagogía de que todo ser viviente lleva un corrupto dentro que robaría cualquier cosa a la menor oportunidad, es una estrategia miserable y muy dañina.

No, no somos las mismas personas, es el insulto más bajuno y macarra que un político puede soltar a la sociedad a la que se supone debe servir.

   
   
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