Tonter

 
     

Tonter

         

Es la única cosa «social» a la que aún no le he aplicado la eutanasia, me di de alta en abril de 2007 y me animé a probarlo por la misma razón que todos acabamos probando casi todos los cacharritos que nos presentan,  porque sí , sin detenernos ni dos minutos en preguntarnos ¿para qué lo necesito?

Casi tres años después sigo enrocado en que Tonter no es una herramienta de comunicación como podría dejar de serlo el teléfono si todos lo dedicáramos a llenarlo de millones de  voces, gritos y susurros que sonaran al tiempo y  que te obligaran a dedicarle, como poco, una hora al día a seleccionar, purgar y filtrar millones de ruidos no deseados que te machacaran la oreja.

Pero intente ir más all. Imagine que un día algunas de esas voces le piden explicaciones porque usted ha decidido no escucharlas  mientras aparecen otros tantos que bombardean con citas célebres y proclamas, manifiestos, «misluchas» reivindicaciones y pancartas hasta que en un momento explota un fastuoso y caótico concierto de loros que imitan a los grillos.

Y cuando quieres volver a crear un umbral de ruido para que tu cerebro pueda procesar o te pronuncias por aquello de la conversación y la comunicación, corres el riesgo de que los de las explicaciones sentencien que estás boicoteando su causa. Cualquier persona normal colgaría el teléfono. Desconectaría el cable y lo mandaría todo de una patada al contenedor convencido de que es una herramienta, pero no de comunicación.

Para las hordas sociales ir de antisocial es una posturita, un pasteleo, hay que estar para confirmar nuestra existencia. Además amplifican ese efecto que tanto se critica en los medios. El  de la prisa por infopinar sin respirar. Todo es calvo o con dos pelucas. No se puede tener una conversación y opinar sin tener que lidiar con extremos inventados, como lo haríamos en una reunión de colegas. Siendo o no buenos amigos.

Donde te pueden dar botellazos de 140 caracteres a traición, y por la espalda, para llamarte violento después.

Por eso he buscado una solución alternativa. Estoy montando un chisme propio, se llamará Tonter y estará disponible en cuanto le haga un logo, trasteee un poco los colores y consiga quitarle y ponerle algunas opciones.

En Tonter seré  totalitario, un dictador solitario en el exilio y me disfrazaré de ácrata vengador, admitiré a quién quiera y le daré boleto al que me toque la ñórdiga o no me interese , sin tener que darle más explicación y si rechista sacaré el diccionario de insultos de la macarRAE.

La grandeza de internet, de ese internet que no es el de los que se sientan todo el día sobre su mano y luego se pajean con ella para que parezca que les masturba la mano de otro,  es que es muy fácil y barato ser caudillo en país propio , sin que te «censuren» por andar de okupa en casa ajena donde no te permiten que uses  tu libertad de poner los pies en la mesa.

Y la viñeta del sábado

   
   

3 Comentarios

  1. iResponsable 16 febrero 2010
  2. murmullo cucarachas 14 febrero 2010
  3. Javo 13 febrero 2010

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