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Cosas

Eso de mudarse es tan doloroso que llegas a pensar que hubiera sido más divertido mudar la piel que de domicilio. casi todo el mundo ha tenido que hacer alguna propia o participar de alguna ajena.

Lo primero que se empieza a notar es esa sensación de que “esto me lo hago en dos patadas” y con el optimismo empiezas a hacer cajas con la alegría y esmero del que empaqueta los regalos de los reyes magos para los niños.

Sin embargo, cuando has hecho catorce cajas con libros, revistas, cables de vete a saber qué, manuales en catorce idiomas de aparatos que ni sabes que tienes, descubres que ya no tienes una casa, ahora todo es una caja.

Estas primeras cajas están cuidadosamente embaladas, compactas y con su leyenda que anuncia su contenido de forma limpia y detallada, pero cuando llegas a la caja 45 ya escribes con un bolígrafo : “mierdas varias”

Tras esto en las siguientes cajas, ya dándolo todo por perdido, sólo puede leerse “cosas”, llega el lenguaje de lo genérico universal y descubres la cantidad de regalos absurdos, plásticos y recuerdos que ya ni recuerdan a nada y que has ido atesorando

A partir de este momento la misma pregunta empieza a repetirse.

¿Dónde está esto? ¿dónde está lo otro?

A medida que las pilas de cajas crecen empiezan a ocupar gran parte del espacio destinado al oxígeno doméstico se va acrecentado la ansiedad y empiezas a creer que todo lo que has guardado, es seguro , lo más importante.

Acabas vistiendo una camiseta de publicidad de Sprite, -aunque ya apenas se distingue la marca- y unas chanclas de las “der deo” que sólo tiene dos piezas y para colmo una  está rota.

Irremediablemente el ritmo de embalaje decae y  sin saber nunca el motivo, las cajas que se encuentran en la parte inferior de las pilas empiezan a chuchurrirse del peso de las de encima, siempre de más peso aunque sean más pequeñas.

Agotadas las cajas y cartones para hacerlas aparecen una gran cantidad de cosas que todos tenemos y que jamás hemos necesita, en algunos casos porque ni siquiera tienen un uso práctico conocido.

Aparecen hasta cintas de casete con los mejores supermegamixes y unas cuantas de baladas de las de bailar húmedo mezcladas con juegos del spectrum revuelto  todo con el atrezzo de los 25 móviles que han ido pasando a la reserva pasiva y de los que conservas su caja (nunca se tira por aquello de la garantía perpétua) instrucciones, cargador y dos o tres kilos de baterías que no siempre pertenecen a los aparatos citados.

Y luego los papelotes.

Siete fanegas de cartas del banco que no has tirado porque contienen datos sensibles y que de caer en manos de los espías y ladrones que buscan en las basuras pondrías en serio compromiso tu seguridad.

Un carpetón de gomas increíblemente elástricas y gastadas lleno de nóminas de cuando se maquetaban a cincel y martillo junto a otra gran cantidad de documentos amarillos muy importantes por definir para quién y para qué.

Al final todo esto junto a una buena ristra de propiedades incatalogables  acaba en otra caja inmensa a la que ni te atreves a bautizar como “cosas”

Lo único positivo de las mudanzas será que de una vez por todas te decidirás a mandar al contenedor dos toneladas de cosas  que seguro hubieran acabado fosilizando  en el mismo lugar donde las amontonabas.







8 Commentarios

  1. victoria eujenia 11 junio 2009
  2. margarita 11 junio 2009
  3. margarita 11 junio 2009
  4. Cosechadel66 10 junio 2009
  5. iván 10 junio 2009
  6. Antoniojezu 10 junio 2009
  7. ANGELPITO 10 junio 2009
  8. Listo Entertainment 10 junio 2009

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