Censura viejuna

 
     

Censura viejuna
         

Hay muchos autores que parecen disfrutar sintiéndose censurados. A veces hasta parecen desearlo. Otros creen que es una oportunidad para recibir publicidad con el debate, siempre enconado, sobre si se trata o no de censura, sin embargo siempre he pensado que sería mucho más sano no tener que verse en situaciones así.

La censura sigue existiendo. Siempre ha existido. Aunque ahora es por otros motivos. Ha cambiado es la forma de aplicarla, el correctismo,  los «nuevos» lenguajes empresariales sólo han hecho variar un poco el juego y la red ofrece la posibilidad de que nada  se quede como una historia en un cajón.

El censurador jamás pondrá la palabra censura en su boca.

Muchos otros casos nunca se conocen porque los autores optan por irse «cantando bajito»

El motivo de contar ahora algo que me sucedió en 2004 ha sido porque lo he escrito para enviárselo a Manuel

Por aquel tiempo sólo dibujaba para el semanario «Antequera Información» donde publicaba una viñeta cada semana, tampoco tenía tiempo para mucho más.

Un buen día aparecieron restos humanos en las obras de una piscina cubierta municipal que llevaba varios años de retraso en su construcción y eso era motivo de enfrentamientos políticos.

Por entonces curraba en una tele local y nada más aparecer los primeros rumores ya tenía clara la viñeta cuando estuvo confirmado hice la viñeta y la envié al semanario.

Aún nadie había publicado nada del asunto y di por hecho que era un muy buen tema, seguro sería la noticia del día.

Hacer humor local es la gran escuela para cualquier dibujante, si quieres hacer viñetas de actualidad local en una población media o pequeña los temas se agotan enseguida o son complicados de tratar por aquello de la cercanía.

Me enviaron un correo desde el semanario diciéndome que si podía hacer otra viñeta y que esa viñeta la publicarían a la semana siguiente.

narices Como era de esperar quise saber el motivo y tras darle un par de vueltas, la redactora, que no el director ni el propietario del semanario, me dijo que había «pactado» con el alcalde la «exclusiva» para un determinado día y que no se publicaría nada en el semanario hasta entonces, me sorprendió y me cabreó de verdad ya que era algo que no sólo estaba en la calle sino que ya estaba confirmado por fuentes judiciales.

Censura «temporal»

Los detalles de su pacto nada tenían que ver conmigo, pero la viñeta en cualquier caso sobraba.

Acabamos discutiendo en persona sobre la obligación y obligatoriedad de «pactar» también una viñeta. Dejé claro que mi opinión no era negociable. Menos aún la iba a pactar o posponer a capricho de un  político por muy alcalde que fuera.

No la publicaron, tampoco envié otra viñeta de «sustitución» y ahí se terminó para siempre la  relación con el periódico tras siete años de colaboración.

La viñeta, que tampoco era para tirar cohetes, al final resultó ser inocente.

El  ego y la sumisión periodística al «poder» municipal fueron los censores.

Me pareció más despreciable que se pactara la fecha de publicación de una noticia con un alcalde que la censura/cambio de viñeta que vino de rebote.

Donde debía aparecer la viñeta el periódico publicó una nota en la que aseguraban no haber aplicado censura, (tengo pendiente visitar la hemeroteca para hacer una copia de la disculpa/excusa) tampoco contesté a eso, creo que aquella nota fue toda una declaración de intenciones.

       

Lo que hice fue fotocopiar la viñeta  y la entregué en mano a aquellos que sabía que la echarían de menos aquella semana. En la copia aparecía la explicación del motivo por el que no había sido publicada, al fin y al cabo no dibujaba para el periódico, lo hacía para la gente. Lo más probable es que de no haber sucedido esto seguro hoy seguiría enviando viñetas a ese periódico.

Claro que una viñeta «capada» entre más de 400 que se publicaron no es un dato alarmante. Eso indica que no hubo en todos esos años intención de ser cruel con nadie de manera gratuita,  pero es inevitable recordar el cabreo que, no por suceder en un entorno local y en un medio «pequeño, en una ciudad media, es menos desagradable.

Visto desde la lejanía del tiempo no me arrepiento de mi posición. Desde entonces sigo aplicando la misma solución cuando alguien se me acerca con cara de «sería mejor sí…»

De todo esto aprendí que la censura puede llegar a salpicar por otros intereses que no siempre tienen que ver con el intento de acallar una voz. Aún hoy es fácil ver como ese tipo de prensa cobarde se sigue practicando.

Los restos humanos finalmente resultaron ser enterramientos de fallecidos por la peste, restos de los que España está llena, un buen sitio para enterrar censuras.

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Cronología: demandas por comentarios, muy pronto nuevas citas en los juzgados

Intentos de resucitación del periodismo, recomendado y muy debatible

   
   
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3 Commentarios

  1. La rata que robaba pollos 22 noviembre 2010
  2. ojovirtual 28 febrero 2009
  3. Pingback: meneame.net 27 febrero 2009
  4. cyberfrancis 27 febrero 2009

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