Exposición de viñetas para rechazar la censura en el NYT

Viñetas new york times

Estas son las dos viñetas que he parido y enviado para colaborar en una acción de protesta colectiva de los humoristas gráficos españoles que está organizando Luis Conde para Reporteros sin Fronteras para expresar rechazo a la decisión del diario The New York Times.

El periódico decidió eliminar las viñetas políticas de su edición internacional a partir del 1 de julio tras disculparse por una viñeta y despachar después a sus dibujantes, en su edición nacional tampoco había ya espacio para el humor gráfico.

Viñetas new york times

Los organizadores de la acción consideran que es una forma de censura y una arbitrariedad que rechazan.

Se recopilarán tanto viñetas ya hechas como aquellas nuevas que los autores quieran aportar.

La exposición, en principio virtual, aunque no descartan llevarla a algún soporte físico, será en septiembre. Si eres humorista gráfico estás a tiempo de participar. Para más detalles, puedes escribir a Florence a esta dirección:  rsf(arroba)rsf-es.org

Y de propina, un par de secuencias del proceso del lápiz analógico y el entintado digital.

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The New York Times dejará de publicar viñetas políticas a partir del 1 de julio

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El New York Times ha anunciado que dejará de publicar viñetas políticas en su edición internacional «coincidiendo» así con la edición nacional, donde no existen las viñetas. El 1 de julio dirá adiós a la sátira y también a dos de sus dibujantes, Patrick Chappatte y Heng Kim Song, a los que se ha cepillado.

El diario lo ha anunciado así, resulta casi cómico que cierren esa nota recordando que el año pasado, por primera vez en su historia, ganaron un Pulitzer por unas viñetas políticas.

También publicaron un breve comunicado firmado por su editor, James Bennet, en la misma línea.

 

Nada de seguir corriendo riesgos al publicar opinión no controlada, moldeada, suavizada, adaptada y servida al gusto de los que cortan el bacalao en la empresa, que bien pueden ser internos y/o externos y pueden tener mucho que ver con la pasta que entra, o no.

No han sido pocas las opiniones en contra de esta decisión, desde los que califican al diario de cobarde hasta los que se sienten decepcionados y le recuerdan al NYT la tradición e historia de las viñetas políticas que ahora se cargan de un plumazo por una escaramuza puntual. Pero, claro, esta otra «turba» de contrarios a la desaparición de las viñetas no será la que influya en la postura del diario.

 

Los dibujantes, como era de esperar, también han reaccionado.

Viñeta de Clay Jones en su web

 

Viñeta de Joel Pett

 

Viñeta del mexicano Darío Castillejos en Twitter

 

Idígoras & Pachi en El Mundo

 

Viñeta de Ed Hall en Twitter

 

Viñeta de Kevin Kallaugher «Kal» en The Baltimore Sun acompañando a un editorial (No disponible desde Europa. O bien visitar con VPN o ver captura)

 

Viñeta del belga Steven Degryse «Lectrr«, en Twitter

 

Viñeta de Joep Bertrams en Cagle Cartoons

 

Viñeta del brasileño Osmani Simanca en Facebook

 

 

Viñeta en The Charlotte Observer por Kevin Siers, presidente de la Association of American Editorial Cartoonists (AAEC), que también publicó un comunicado.

 

Y aquí unas cuantas más:

 

En Cartoon Movement publican también una nota titulada » Una decisión aterradora y miope» de la que destacan estos párrafos:

En un debate público saludable (que un periódico como el NY Times debería facilitar), lo que sigue es una discusión sobre por qué esta caricatura cruzó la línea. ¿Por qué mucha gente encuentra esta caricatura tan ofensiva? ¿Qué se permite cuando criticamos a Israel y qué no? ¿Qué símbolos podemos usar? ¿Hasta dónde podemos llevar una caricatura de un político israelí? Todas las preguntas significativas que fomentarían un debate que conduciría a viñetas más fuertes, mejores y menos innecesariamente ofensivas (se incluye «innecesarias» porque a veces las caricaturas deben ser ofensivas).

Lo que no debería suceder es un completo silenciamiento de esta rama del periodismo visual. Porque se aleja del debate público. Es, a falta de una palabra mejor, censura. Utilizo la palabra censura no debido a la decisión en sí (es una prerrogativa de cada medio de comunicación decidir qué publicarán y qué no publicarán, por muy fuerte que pueda estar en desacuerdo), sino la aparente argumentación detrás de ella.

Por mucho que intenten maquillar la decisión diciendo que van a explorar otras formas de periodismo, incluyendo el «visual», queda claro que el suceso de abril, tras el que retiraron una viñeta señalada como antisemita en la que aparecía Netanyahu y Trump y por la que se deshicieron en disculpas, le ha dado el tiro de gracia al humor gráfico en el NYT.

 

Viñeta del dibujante portugués António Moreira Antunes publicada en la edición internacional de The New York Times del jueves 25 de abril. Antes, el 19 de abril, apareció en el semanario portugués Expresso

Tras la bronca anunciaron formalmente que dejaban de publicar viñetas sindicadas en su edición internacional y que recurrirían sólo a artistas con vínculos directos con el diario, esos mismos dibujantes que ahora despiden.

Uno de esos dibujantes, Chappatte, que dibuja para el NYT desde 2013, publicó en su página un artículo titulado «El fin de las viñetas políticas en The New York Times» en el que se lamenta de la decisión.

 

Viñeta de Patrick Chappatte publicada en la portada de la web de NYT el 8 de enero de 2015, tras el ataque a la revista Charlie Hebdo para ilustrar su opinión.

Aún así, se declara optimista y recuerda que esta es la era de las imágenes. «En un mundo de poca capacidad de atención, su poder nunca ha sido tan grande» añade, pero también advierte:

«Me temo que no se trata solo de viñetas, sino del periodismo y la opinión en general. Estamos en un mundo donde las turbas moralistas se reúnen en las redes sociales y se levantan como una tormenta, cayendo sobre las salas de redacción de un golpe aplastante. Esto requiere contramedidas inmediatas por parte de los editores, para dejar espacio a la ponderación o la discusiones significativas. Twitter es un lugar para el furor, no para el debate. Las voces más indignadas tienden a definir la conversación, y la multitud enfadada las siguen».

Patrick Chappatte ha hecho también una gran recopilación de enlaces a páginas donde se habla del asunto.

 

Y es que el panorama no pinta demasiado bien, lejos de alarmismos, basta echar un vistazo a los casos, cada vez más frecuentes, de dibujantes que perdieron sus trabajos por hacer justo aquello para lo que se supone que se les contrató.

  El San Diego Union-Tribune despide al dibujante mexicano Ramsés II por una viñeta crítica con Donald Trump

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  Dibujante despedido por una viñeta crítica con la ley del Estado Nación de Netanyahu

Y otros tantos que se vieron involucrados en distintos jaleos

 

 

Dos sentencias

 

Reseño dos sentencias que me parecen interesantes por diferentes motivos. Si bien ambas están relacionadas con la actividad humorística, la primera es relativa al ejercicio de la parodia, un asunto no siempre bien entendido e interpretado, legalmente hablando, y la segunda sobre la demanda laboral de un dibujante de viñetas contra los medios para los que trabajó durante más de 20 años.

Antoni Climent contra Gerard Jofra

En junio de 2009, Gerard Jofra, el hijo mayor del humorista Eugenio fallecido en 2001, presentó a un «clon» de su padre. En principio no dieron a conocer su nombre, lo describían como alguien que de joven había tocado en un grupo y que también era actor, aunque «había hecho poca cosa». Este clon actuaría caracterizado como Eugenio bajo el nombre de «Reugenio».

Ambos acordaron crear a «Reugenio» y firmaron un contrato que establecía que el entonces desconocido se encargaría de la parte artística y Jofra se haría cargo de la representación.

«Intentaremos mantener su anonimato. A él no le interesa darse a conocer sino recuperar la esencia de Eugenio, esa manera simple y directa que tenía de subir al escenario y explicar chistes»

El actor era Antoni Climent y su relación con Jofra se estropearía con el tiempo.

Ese contrato se resolvió de mutuo acuerdo en diciembre de 2014 y Climent continuó con su espectáculo en el que, en ocasiones, usa el nombre de “Meugenio” y en el que sigue imitando a Eugenio.

Jofra buscó y promocionó a un nuevo actor para el personaje y Climent reclamó entonces al hijo de Eugenio una indemnización de 60.000 euros por incumplimiento de contrato.

Por su parte, el hijo de Eugenio acusaba a Climent de estar haciendo un uso no autorizado del personaje vulnerando los derechos de propiedad intelectual e industrial del personaje de Eugenio por sus actuaciones como «Toni el Indio«.

Finalmente, el litigo se ha resuelto y el juez no acepta la indemnización por incumplimiento de contrato  porque no se puede incumplir un contrato que se extinguió.

En la sentencia también se señala que Jofra se ha comportado de forma desleal y denigrante con Climent intentando menoscabar su reputación profesional enviando escritos a varios empresarios y organizadores de eventos en los que lanzaba acusaciones de uso no autorizado de sus derechos y le condena a dejar de hacerlo.

Lo interesante de la sentencia, que no es firme, es que el juez sí cree que la actuación de Climent es una parodia y que, pese a la «enorme similitud» con Eugenio, tiene la intención humorística de recrear al personaje, y que la imitación de Climent no causa daño a la obra original ni a su autor sino que le rinde homenaje y que por ello no perjudica los intereses de los derechos de autor de la obra, en manos de su hijo.

El caso, con sus diferencias, recuerda bastante al de mediados de los 90 de Chiquito de la Calzada contra el programa «Esta noche cruzamos el Mississippi» por las imitaciones de Florentino Fernández en el que el juez acabó dictando el sobreseimiento de la causa alegando que los personajes «Lucas Grijander» y «Crispín Klander» eran parodias de Chiquito.

 



Dibujante pierde demanda por despido

Este caso es interesante porque es muy común entre los dibujantes de viñetas de los medios y también entre periodistas y trabajadores de otros gremios. Es decir, autónomo que factura servicios pactados, con o sin periodicidad fija, no siempre quedando muy definida la relación y el trabajador termina reclamando su condición de empleado entendiendo que se le usa como falso autónomo.

Resumiendo, lo que se desprende de esta sentencia a una demanda por despido de un dibujante es que no existió relación laboral tras 22 años de relación.

El dibujante demandó a los diarios El Comercio y La Voz de Avilés donde publicaba dos tiras diarias desde 1996.

Para hacer estas viñetas se basaba en los guiones que escribía otra persona, que además fue la que se encargó de seleccionarlo como ilustrador de las piezas, en este proceso de selección del dibujante no intervinieron los diarios. El guionista era el encargado de decidir los temas sobre los que tratarían las viñetas sin recibir indicación alguna de los periódicos demandados y tenían que enviar la viñeta a los periódicos antes del cierre de la edición.

>Los precios  de las viñetas también los negociaba el guionista con la dirección de los periódicos y luego pactaba con el dibujante el porcentaje que este recibía, este porcentaje era abonado por los periódicos al dibujante, que figuraba como autónomo y no acudía a los centros de trabajo de los periódicos demandados, ni utilizaba materiales de los mismos para realizar las ilustraciones. Es decir, que era teletrabajo puro.

El guionista se jubiló el 31 de marzo de 2018 y desde ese día dejaron de publicarse las viñetas. El dibujante demandó entonces a los periódicos por despido y el 11 de mayo de 2018 se celebró el acto de conciliación en el que no hubo acuerdo.

En la demanda, el dibujante sostenía que había venido prestando servicios para las empresas demandadas desde el año 1996 mediante una relación de clara naturaleza laboral encubierta bajo la apariencia de un falso trabajador autónomo, ya que se encargaba de las tiras diarias para cada uno de los periódicos y que:

 

«Desempeñaba funciones no sólo plenamente incardinables en la categoría de diseñador gráfico que prevé tanto el convenio colectivo estatal como el de empresa, sino además claramente sometido a los requisitos de ajeneidad y dependencia previa recepción de los guiones por parte del guionista, persona encargada para ello por ambos periódicos, así como retribución mediante facturasmensualmente emitidas por importes que además fueron actualizados durante toda su relación».

 

La sentencia, con número de resolución 633/2019 del 26/03/2019 del Tribunal Superior de Justicia, Sala de lo Social de Oviedo, rechaza todos los argumentos del dibujante para demostrar que existía relación laboral.

Aún desconociendo más detalles y posibles conversaciones previas entre las partes, posibles acuerdos orales y desacuerdos, si existieron, llama la atención que se produzca una demanda tras más de dos décadas de relación en la que, se supone, ambas partes aceptaron los términos de esa relación.

También echo en falta conocer qué tipo de relación profesional tenía el guionista con los medios demandados por el dibujante ya que la sentencia no hace alusión a esta cuestión.

 

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Dos libros con dibujitos

El colega Malagón ha ilustrado el libro de Sergio Parra «¡Mecagüen! Palabrotas, insultos y blasfemias» que lleva una semana a la venta.

Un repaso histórico por ese gigante abanico de los insultos, la censura y los atajos para salvarla para poder practicar el noble arte de elegir con acierto las descalificaciones.

Capitalismo ¿Por qué?

 

Atxe sacó en marzo su «Capitalismo ¿por qué?» y en mayo lo paseará por Barcelona y Madrid los siguientes días:

En Barcelona, el jueves 2 de mayo a las 19h en el Espai Contrabandos (Carrer Junta de Comerç, 20), junto a Manel Fontdevila, Daniel Raventós y Pere Rusiñol.

Y en Madrid, el martes 7 de mayo a las 19h en La Central de Callao (Calle del Postigo de San Martín, 8), acompañada por Miguel Brieva, Antonio Maestre y Tomás Rodríguez.

Ahí van dos minutillos de vídeo para que te hagas una idea del libro.

 

 

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