Texting and Driving

 

Lo que por ahí llaman “Texting While Driving” o “Texting and Driving” (escribir en el móvil mientras se conduce), parece que es un problema bastante más grave en EEUU, y otros países, que aquí (de momento). En cualquier caso, los datos de Europa tampoco son muy buenos.

Muchos de los que lo practican termina empotrando su coche contra cualquier cosa.

Según cifras de la Administración Nacional de Seguridad y Transporte en las Carreteras (NHTSA), durante el primer semestre de 2016 se produjeron  17.775 muertos, un aumento de 10.5% con respecto a 2015.

A pesar de las leyes existentes en la mayoría de los estados que prohíben el uso del móvil al volante y que se han endurecido las sanciones, la NHTSA afirma que el porcentaje de conductores que manipulan sus teléfonos móviles u otro tipo de dispositivo conectado a internet mientras conduce, aumentó de 0.9% en 2010 a un 2.2% en 2014.

El Consejo Nacional de Seguridad (NSC) calculó que en 2016 murieron en accidentes de tráfico más de 40.000 personas en Estados Unidos, la cifra más alta desde hacía nueve años, y que 4,6 millones resultaron heridas y tuvieron que recibir asistencia médica.

Si bien no es fácil determinar el % exacto de casos en los que una distracción por el uso del móvil es la causa directa de los accidentes, la cantidad de conductores que admiten usar sus cacharros mientras conducen es cada vez mayor.

Una encuesta de NSC publicada en febrero de 2016, reveló que, pese a que más de ocho de cada diez personas consultadas se confiesa preocupado por la seguridad vial,  el 47 % dijo sentirse cómodo enviando mensajes escritos o de voz mientras está al volante. (Fuente)

Se descamocha tanta gente que no paran de hacer campañas, algunas de ellas apoyadas por famosos, para concienciar del peligro de andar dándole a tecla en el coche.

 

Una tira cómica que cambió una ley

Hay iniciativas espontáneas que dan resultados. En 2015, el dibujante Harold Jessurun  y el guionista Aníbal Quiñones  consiguieron que su personaje “Pepito” saltara del papel a la vida real para influir en que se realizaran cambios en una ley en Puerto Rico.

Para ello, escribieron una carta firmada por “Pepito” a Jaime Perelló, presidente de la cámara de Puerto Rico. Pedían que se preocuparan por este grave problema y se incrementara el presupuesto publicitario para campañas de prevención.

 

 

Además, dibujaron una tiras para el diario Última Hora que se publicaron a modo de serie diaria durante tres semanas relatando la historia del atropello de “Pepito” por un conductor que miraba su teléfono. La serie terminó con el proceso de recuperación de Pepito tras salir del estado de coma.

 

 

Finalmente se modificó el importe de las sanciones, quintuplicando la cuantía de las multas y destinando el 10% de lo recaudado a campañas educativas contra el “Text and Drive”.

 

Perelló posa con la carta de Pepito junto al personaje en recuperación.

 

Un resumen en vídeo de aquella historia. Aquí en español.

 

 

 

Según cifras de 2016 de la Comisión para la Seguridad en el Tránsito de Puerto Rico, 7 de cada 10 personas admitían usar el teléfono móvil regularmente mientras conducían. Esta práctica es la segunda causa de accidentes de tráfico en el país, provocando más de 50.000 accidentes al año en la isla.

 Paradojas de la prensa. En 2017, el diario Primera Hora despidió a los autores de la tira “Pepito” tras las quejas de algunos políticos.

 

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Bailando con coches

Ayer salí a la calle minutos antes antes de empezar  el partido, no vi mucho fútbol porque estuve haciendo algunas fotos para el proyecto para una España fantasma (que te recomiendo no te pierdas)

A los pocos minutos de terminar el partido, como en la mayoría de ciudades, la peña salió a la calle. Unos a celebrar y otros a mirar cómo lo celebraban esos unos.

Como el ser humano asocia toda manifestación de alegría a hacer cuanto más ruido mejor, principalmente fundiendo la bocina de su coche o moto, aquí no íbamos a ser diferentes.

En el primer semáforo que encontré en la avenida, de cuatro carriles de doble sentido, que atraviesa la ciudad ya había una gran cantidad de gente que esperaba para cruzar, entre ellos dos colegas en bañador y descalzos que bailaron entre el tráfico que iba y venía a buena velocidad.

De todos es sabido que el orgullo nacional  y la euforia deportiva anula cualquier normativa o ley en materia de tráfico, ruido y seguridad.

A ambos lados de la calle los peatones simplemente miraban, en las caras de algunos se veía el asombro y la angustia de la espera de la luz roja que pusiera fin a la actuación de los felices recortadores.