Trabajar en Europa

jinn

Viñeta del sábado 22 de julio de 2017 en CTXT

Jinn” es otra aplicación de una empresa de reparto de comida. Jinn significa genio en árabe. Otro tingladillo más de tantos nacidos del rebautizo de la explotación para mostrarla como evolución del empleo, eso que llaman la “gig economy“.

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Lo “gig” se puede resumir como contrataciones de personas para trabajos puntuales y esporádicos durante momentos concretos. Nada nuevo, ni debería resultar un problema. Trabajillos ocasionales de los que siempre han existido. El chapú de toda la vida, pero ahora con un nombre neocuqui y basado en la App de unos emprendelistos como eje central de su deslumbrante startup. Intermediarios chupópteros, nada que ver con la economía colaborativa.

El problema, también el siempre, es que estos listos ni contratan ni quieren jugar con las legislación laboral que jugamos todos. Y además quieren regulación a medida para seguir normalizando la explotación y la precariedad. Son los nuevos terratenientes digitales predicando “lo nuevo” con su diccionario de eufeminglish bajo el brazo.

El propietario de Jinn App se encontró en enero con los repartidores de su empresa. Estaban bastante cabreados. No se les había pagado lo que se les debían y además se habían cambiado sus contratos por lo que pasaban a cobrar por entrega y no el salario mínimo legal. El mismo chanchullo de Deliveroo.

De hecho,  según ED, los genios se lavan las manos de la misma forma:

Los emprendedores se defienden. Aseguran que los conductores no son sus empleados ni están obligados a aceptar sus pedidos.

Y es que…¿cuándo ha escuchado usted a uno de estos pijos estartuperos y charlatanes hablando de los derechos y condiciones de sus repartidores o de mejorarlas? Para el entrepeneurista, el obrero suele tener la misma importancia y consideración que un paquete de folios o una papelera, con suerte.

Explotación opcional

Pero oiga, que si no quiere que lo exploten puede decidir no dejarse explotar. Usted es libre para irse a que lo exploten en otro sitio. Los de Jinn creen que con ese argumento ya son libres para seguir explotando. Es la máxima del “liberalismo” económico mal entendido. Libertad para lo mío por encima de cualquier ley, persona o derecho.

Observe como uno de los fundadores de Jinn, León Herrera Sáez-Benito, saca su mazo de tarjetas prepago y las baraja como si fueran cromos, mientras mastica su chicle, para intentar calmar a sus empleados (que no reconoce) mientras le reclaman su dinero.

 

Una genuina escena costumbrista del nuevo feudalismo. 

 


Fuente y más pistas de los “genios”

Calentamiento global

Viñeta del domingo 16/07/2017 en CTXT

Marina Álvarez, consejera de salud, confirmó que la muerte el pasado 12 de julio de Rafael Luque, de 54 años, que trabajaba en el asfaltado la carretera A-406 en Morón de la Frontera (Sevilla) fue a causa a un golpe de calor. Un juzgado de Morón ya ha abierto diligencias.

Se trata de la tercera muerte por esta causa en lo que va de verano.

No morir en el trabajo debería ser también un derecho y los accidentes laborales no deberían ser considerados tan alegremente como “inevitables”, que es una de las formas más despreciables de contribuir a que se sigan produciendo.

Algunos pueden serlo, resulta imposible prever ciertos acontecimientos. No es el caso. Temperaturas de 45º  en la zona, que se disparan por el calor del alquitrán que  llega a alcanzar los 180º . Y aún hay obtusos que pretenden montar debates de taberna sobre lo imprevisible de las “desgracias” o el calentamiento global. Cualquier cosa con tal de pasar por alto que un empresario cabrón prefirió que el obrero se enfrentara al riesgo en lugar de reducirlo al mínimo.

Es que el pan hay que ganarlo con el sudor de la frente y todas esas mierdas rancias heredadadas que relacionan el trabajo con el sufrimiento como condena divina.

Desgraciados son tanto los que minimizan las muertes en el trabajo como los que hacen lo mínimo, o nada, por impedirlas.