La CEOE y la brecha salarial

La CEOE afirma que rasgos psicológicos y habilidades no cognitivas influyen en que las mujeres cobren menos

Viñeta del 09/03/2019 en CTXT

La patronal se ha metido en un charco, uno que acostumbra a pisar. No hay que olvidar que estos van a lo que van.

Muy amigos de jugar con los vericuetos etimológicos de la neolengua y aunque se pueden encontrar declaraciones que apuntan a que están en contra de la brecha salarial de género y que su objetivo es acabar con ella, niegan lo que se desprende del informe que han encargado, que “rasgos psicológicos y habilidades no cognitivas” influyen en que las mujeres cobren menos.

 

Demostración de que dicen que no dicen lo que dicen, pero lo que dicen es lo mismo que dicen que no dicen. Espero haberme explicado.

La noticia es que la CEOE no niega la brecha salarial de género, los negacionistas de la brecha llevan tres días corriendo en círculos y agitando los brazos

Según el estudio de marras, las mujeres cobraron en 2014 de media un 12,2% menos que los hombres.

Ahí va el informe en PDF

En la portada del informe, dos personas observan una ventana cerrada con un candado, bonita paradoja.

 

 

Uberización del empleo

Viñeta del 30/01/2019 en CTXT

Cuando se empieza a coleccionar años es inevitable intentar establecer comparaciones, algunas con su punto de nostalgia trasnochada, con aquellos tiempos pasados que casi siempre se nos antojan mejores. El optimismo de la juventud nos impedía creer que todo sería siempre así de chungo y mucho menos que empeoraría.

Con el mercado laboral tengo a veces esa sensación, cuando rebusco en la memoria cómo fueron mis primeros empleos (esto da para otro post) y el panorama de aquellos crudos, y nada fáciles, años 80 y principios de los 90 para buscarse la vida, me vienen a la memoria experiencias casi tan cercanas al trabajo basura como las actuales, pero hasta entre la basura hay niveles de putridez.

 

 

Cuando buscabas un trabajo, y hablo de curros para trabajadores no cualificados para ir tirando, los trabajos “buenos” eran casi una leyenda, dabas por hecho que lo que encontrarías se dividía en cuatro grandes grupos.

 



 

Abundaban durante todo el año los trabajos con contrato mercantil para vender cualquier cosa a comisión, sin sueldo. Aunque lo llamaran “contrato” era, y es, un papelote equivalente a no tener nada.

También estaban siempre ahí los eternos trabajos en negro de la también eterna economía sumergida, eso que por aquí abajo llamábamos el “chapú”  que en otros lugares llaman “ñapa”, creo.

Con suerte también podías pillar algún contrato de temporada en el sector servicios (si vivías o estabas cerca de una zona turística, cualquiera podía ser camarero).

Y por último el premio gordo, el tan codiciado contrato laboral “de verdad”, los había hasta de fijo y todo, oiga.

Nadie, o muy pocos, pedían que te dieras de alta de autónomo para poder trabajar, eso estaba reservado a transportistas con vehículo propio y derivados que por lo general eran personas ya con una edad y experiencia en lo suyo.

Poco a poco empezaron a aparecer las pizzerías, y otras empresas de cosas de comer, con reparto en moto y aunque se daba por hecho que eran trabajillos ocasionales, nadie pasaba por alto que se ganaba una mierda, pero menos era nada. Era “algo de jóvenes”.

Si tuviera que comparar aquellos tiempos con los actuales, lo siento, no es nostalgia mal entendida. Lo que tenemos ahora supera en basura a todo lo que recuerdo.

No sólo se ha prostituido el lenguaje, lo primero que se ha pisoteadeo han sido los derechos, todos los recortes han caído en el trabajador, en su sueldo y derechos, todo ha sido rodeado en un falso envoltorio de novedad tecnológica y modernidad para rebautizar y normalizar la precariedad y la explotación. Además, muchas de estas multinacionales siguen pidiendo que cambien las leyes y se escriban a medida para legitimar sus trapicheos.

Y van más allá, hasta “sugieren” a sus empleados que rechacen derechos y leyes y abracen a la empresa como si de una secta se tratara. Entre tantos retrocesos alivia saber de algunos avances.

Eres libre

Las empresas de la falsa economía colaborativa tienen muy claro que el beneficio está en explotar la necesidad hasta sus últimas consecuencias a sabiendas de que la situación del mercado laboral ha puesto a su disposición a todos los trabajadores, si no lo hace uno, lo hará otro.

Y a esto lo llaman, libertad de elección. Es decir, tienes la libertad de no elegir su mierda, así que ellos siguen ofreciéndola cada vez más grande y aparecen más empresas que ofrecen otras aún más grandes para competir.

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Viñeta del 02/02/2019 en CTXT

¡Oh! ¡Una App!

Nos distraen contándonos que su negocio está basado en una App, muy chuli y moderno todo y que si no lo aceptas eres un neoludita. No se puede ir contra los avances tecnológicos.

Ceporrismo “liberal” ilustrado. No hay chiste que supere al personaje

 

¿Pero qué avances son esos? Que el aparato para pedir los productos o contratar los servicios es un teléfono, bienvenidos al futuro de lo viejuno, pero con nombres y colorines a lo Silicon Valley.

 

 

Los trabajos siguen siendo los de siempre, pero ahora con el añadido de que existe un mecanismo para pastorear, controlar y valorar empleados, se introducen botones de voto y encuestas para que el cliente pueda ir haciendo el trabajo sucio de la empresa para cribar, sancionar, recortar el sueldo o incluso despedir trabajadores basándose en resultados de una votación digital.

Y así es como empiezan a aparecer lo que algunos llaman jornaleros del “Me gusta”, currantes que viven angustiados por el qué dirán en la red gratuita de votantes creada por la empresa y que deja en manos de los clientes el destino de sus empleados y así puede seguir explotándolos de una manera más “democrática” y humanizada.

 

Cena de empresa Navidad

Viñeta del 15/12/2018 en CTXT

 

Y si hace no tanto pensábamos que eso de pagar para trabajar era retorcer demasiado el chiste, basta que lean lo que se cuenta aquí, trabajadores que reciben nóminas que salen a pagar a la empresa. Conductores para Uber y Cabify contratados por Atlantis Media, empresa administrada por el presidente de Unauto, denuncian que han recibido nóminas en negativo.

Sí, a pagar.

Nunca me ha gustado jugar a predecir el futuro, pero espero no tener que volver sobre este texto cuando la “uberización” del empleo se extienda a todos los sectores y gremios. Podríamos vernos pidiendo un préstamo para poder pagar las tasas de examen que nos permita optar a un trabajo, sin cobrar y pagando, en una empresa que nos explote a fondo, y agradecidos, porque mucho peor es no tener trabajo.

 

 

Más de dos millones de jóvenes pobres

Más de dos millones de jóvenes pobres

Viñeta del 19/08/2018 en CTXT

Más de dos millones de jóvenes en España se encuentran en situación de pobreza, bueno, casi dos millones en pobreza relativa y otros 600.000 en pobreza severa, son los datos que se desprenden del Informe sobre Pobreza Juvenil en España elaborado por el Consejo de la Juventud de España a partir de datos de 2016 y 2017.

Pero, claro, todo esto es relativo, dicen algunos que se creen a salvo porque eso son cosas de pobres.

Fuente imagen

¿Y cuál es la causa principal a la que los autores atribuyen estas cifras?

Sin sorpresas, al “modelo laboral de precariedad” y cuando no es por esto, es por la desigualdad en genérico o por la mezcla de esto y otras menudencias a las que ya estamos acostumbrados.

Intento ser optimista, o al menos ir insuflándome algunas dosis de positivismo realista de vez en cuando, pero no puedo evitar intuir un futuro cada vez más negro mientras se sigue normalizando la precariedad y la explotación como parte de un daño colateral menor de un sistema que, dicen, se autoregula y que no se puede tocar porque eso es de radicales y buenistas trasnochados.

 

 



 

Buenistas, malistas y otros postureos

Ahora, la moda pánfila de unos cuantos es apelar al incorrectismo político como solución a todos los males.

Un alarmante aumento de gente joven que se describe como “políticamente incorrecto” como subterfugio suave, y espero que involuntario y temporal, de fascista, machista, racista, homófobo y otros etcéteras. Entre los que se autoetiquetan orgullosos como “políticamente incorrecto” hay una cantidad asombrosa de ceporros retrógrados que no parecen preocupados por la sociedad que estamos construyendo y lo que es peor, la que van a heredar. Ellos, los suyos y a saber cuántas generaciones más.

Si el ciclo toma el camino habitual del bucle con auto-reverse, pronto conseguirán que lo políticamente correcto sea considerado una conducta antisistema.