Titulares gilipollas

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Es el titular gilipollas del día, esta vez de ese digital que ha ido degenerando a marchas forzadas.

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Y no es que un periodista no pueda hacer un chiste. No, no es eso. Aunque tanto hablar de intrusismo resulta cachondo que ejerzan de intrusos de la noble profesión de la comedia.

Ya no se separa ni etiqueta la opinión, ni el humor, ni la sátira, ni nada.

Mientras unos, como ABC,  van manipulando a manos llenas, otros tiñen de pitorreo los titulares, para compensar.  Quizá estén preparando los mimbres para vender el máster “Chascarrillos Chuscos Diario Público Verano 2013”.

Y es que en esta época del año es lo que pega, algo desenfadado de pensar poco y reir mucho. Total, la gente está en la playa y no le importará leer que un hombre ha mordido al perro “Mis Tetas“.  La cosa es llamar la atención y es peor que no hablen de ti a que se choteen por las patas abajo con tu trabajo, es un ridículo rentable.

Chascarrillos en las noticias, modelo perfecto para el lector sin pretensiones y sin interés alguno por la información.Modelo perfecto para que la gracia chusca lo vaya invadiendo todo poco a poco.Modelo perfecto para que ese mogollón de periodistas en el paro, en precario, pagados a miseria la pieza  y obligados a currar como falsos autónomos levanten cabeza.

Ya no hacen falta periodistas, ni siquiera saber escribir. Basta con saber contar chistes. Cuanto más malos, mejor. Que luego no reclamen que se les tome en serio, ni digan eso tan manido de “sin periodismo no hay democracia”.

Y es que Público lleva un carrerón cuesta abajo que es digno de observar.

Ya en mayo nos dejaron este delicioso informe de su experto en prensa capilar (que en lugar de vello escribe bello)  en el que aseguró que Urdangarin “se está quedando calvo por momentos” .  Unos pierden pelo y otros periodistas, por momentos.

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Lavadora 5

Las luces, en sincronía con unos chanchanes que retumban en los altavoces de la sala anuncian la llegada de Roberto Pérez, CEO de electromésticos Pérez,  que sube  al escenario entre aspavientos y saltitos epilépticos con una sonrisa plastificada.

Los flashes iluminan el inmenso logotipo central, es la P de Pérez , creando un nuevo sonido ambiente al mezclarse con los aplausos,  wow´s , yujus del público que abarrota el polideportivo municipal.

Se presenta la nueva lavadora de quinta generación, es un poco más grande que su predecesora, pero no importa. Si hay que hacer obras en la cocina, se hacen.

Cientos de periodistas especializados en electrodomesticología de todo el mundo llevan meses anunciando el inminente alumbramiento de la nueva, potente y revolucionaria máquina de lavar, que en unas horas estará en los escaparates de las tiendas.

Parece absurdo, pero es que lo es.

Sustituya lavadora por el último modelo de coche, aparato de televisión, chanclas de playa o teléfono. No hay diferencia.

Los cometarros comerciales de toda la vida, ahora llamados keynotes, presididos por los cuentacuentos de  siempre, ahora llamados storytellers, son la confirmación de que aquello que muchos llaman evento tecnológico no es más que la escenificación en directo del publireportaje de la teletienda , convertido ahora en noticia por deseo vital del consumidor.

Tienen más dignidad los jubilados que son llevados en autocares, como ganado, a una ciudad que no ven, para ser encerrados en un hotel durante horas y recibir una charla que tiene como único objetivo venderles un colchón dermoecléctico, una cafetera homeopática o un edredón de pelo de ñú albino.

Al menos ellos ya saben a lo que van sin tener que llamarlo actividad cultural.