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Y para muestra de noticias chorra ahí va un repaso fugaz por las de las últimas horas:
Una conchudez
El pisito de nuestro coleguita ( a la espera de la película…el cómic)
Un bicho muerto


Ayer se celebró en Madrid la primera gala de los Digital TV Awards, la sorpresa ha sido el programa “Sin Señal” que se ha alzado con la mayoría de los premios, imponiéndose además como el programa más visto en la televisión digital terrestre desde su nacimiento.
“Sin Señal”, producido con un presupuesto mínimo, ha conseguido legar a todo tipo de público debido a su sorprendente formato minimalista novedoso y el factor sorpresa en sus horarios de emisión.
El espacio “Sin Señal” ha sido galardonado, además de por su regularidad, por su labor de difusión de la cultura, las relaciones personales y por lograr un aumento considerable en la práctica del coito doméstico creativo.
El programa estrella de la TDT se alzó también con el premio de honor de la difusión de internet. La asociación mundial de editores de publicaciones digilógicas también quiso entregar su premio a este exitoso programa por su labor de fomento de la lectura y los organizadores, al cierre del acto, mencionaron su importante aportación a las ciencias y las artes.
Hosteleros y comerciantes de otros gremios también hicieron llegar un mensaje de agradecimiento a los creadores de “Sin Señal”.
Momentos estelares del programa:









Viñeta publicada ayer en lainformación
Se supone que hoy se apaga definitivamente la señal analógica de televisión, para 2012 el resto de países deberán haber hecho el cambiazo digital.
Con lo digital muchos van a perder el contacto físico con su aparato, si es que aún lo mantenían. Se acabó aquello de darle una buena mano de hostias en un lado cuando se veía con “lluvia” o había turbulencias, saltos y oleaje en la imagen.
Casi podemos olvidarnos del arte del pelado de coaxiales para enrollar con éxito la maya en el vivo. Poco a poco desaparecerán los ocho millones de cacharros digitales diferentes y las cajas idiotas llevarán el germen digital en las tripas.
Atrás quedan, para siempre, aquellas sesiones de orientado manual de antenas interiores para retorcer y cazar la señal alrededor de sus cuernos.
Pero, al menos aquí, el apagón no es completo. Los canales locales, los alegales y los fantasmas, siguen ahí retransmitiendo las procesiones con su estética chillona y su libro de estilo de vídeo comunitario, el mismo que tenían hace más de 20 años.
Lo analógico va a quedar como las catacumbas de la televisión, un limbo de lo viejuno, un huevo de pascua rancio escondido en la caverna, las últimas ruinas de la tele más local para sorpresa del que las descubra.




Desde hace unas semanas trabajo de lunes a viernes en un sitio donde no hay televisión, ni nadie capaz de obligarme a tener una. Ni siquiera se escucha una a lo lejos.
Con un monitor y un ordenador chusquero con internet he montado lo que un pijigeek llamaría un “media center”. Por dos duros veo o escucho lo que quiero cuando quiero y como quiero, programación a la carta. Sigo sin entender como hay ultimamente tanto erudito indignado escribiendo tochos kilométricos sobre lo peor de la televisión.
Por lo general una persona medio normal, a la de tres zurullos (con uno debería bastar) que le metieran en la boca no volvería a ver ninguno de esos canales y menos aún tendría interés ni ganas de comentarlos.
Y conste que ni telecinco, ni antena 3, ni cuatro o la Radio Televisión Canaria han pasado completamente desapercibidos aquí y se han nombrado en alguna ocasión, también para destriparlos. Entiendo que la crítica puede servir, como poco, para el simple desahogo.
Pero lo que no se entiende es que haya tanto peatón suelto que todo lo que tenga como orden del día para comentar en bares, peluquerías, kioskos o esperando en un semáforo sea la sobredosis de todos esos zurullos televisivos que se metió la noche anterior.