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Viñeta del 19/11/16 en CTXT

Adolfo Suárez afirmó en una entrevista a Victoria Prego en 1995 que no hubo referéndum monarquía o república porque: “hacíamos encuestas y perdíamos“.

Y la periodista inició enseguida su campaña particular para quitarle hierro al asunto. Enlaces (1) (2) (3) (4) . Campaña a la que pronto se sumarían algunos otros.

prego

Ahora se entiende mejor, para Victoria Prego, todo se trata de una obviedad hipotética. Según Prego, el referéndum sólo existió en la mente de Suárez, que es lo mismo que decir que Adolfo Suárez mintió.

Poco después diría a lainformacion:

“Antena 3 despreció mi entrevista con Adolfo Suárez hace 21 años; me alegro que ahora la emita”

Pedro García Cuartango, director de El Mundo, corrió a escribir un artículo de opinión que tituló “El revisionismo en las redes” (las redes en abstracto siempre son culpables de cosas) negando la confesión de Suárez en el que hace su particular revisionismo:

Pues bien, y dicho con todo respeto, las palabras de Suárez fueron pronunciadas cuando la enfermedad ya había hecho estragos en su cabeza. Lo que dice ni se ajusta a la verdad ni al sentido común. Pero es enteramente disculpable porque, como se aprecia en las imágenes, el ex presidente ya estaba muy afectado por el deterioro mental que le produjo el mal neurodegenerativo que padeció hasta su muerte.

Sin embargo, en 2005, su hijo, Adolfo Suárez Illana dijo en una entrevista en el programa “Las cerezas” de TVE que los primeros síntomas de la enfermedad de Alzheimer se presentaron en 2003,  al final de la campaña. (Minuto 6:29)

Otros contertulios gritones, habituales en esos debates semanales de entretenimiento,  terminarían repitiendo como loros el argumento de que Adolfo Suárez ya estaba enfermo.

También era de esperar que Victoria Prego se agarrara al off the record , así terminó  cerrando el asunto en El Independiente:

Y un apunte final: si Antena 3 hubiera querido en su día emitir la entrevista con Adolfo Suárez, yo habría eliminado el corte en el que me hace esa confesión. Y no por su contenido, que habla de una obviedad, sino porque se tapa el micrófono con la mano, lo cual evidencia que esa declaración no deseaba compartirla con los espectadores. Off the record, se llamaba esa figura cuando era respetada. Y yo era, y sigo siendo, de la antigua escuela.

Era una obviedad, pero era recomendable negarla durante más de dos décadas. Para poder seguir negándola otras dos.

Para los periodistas complacientes es normal seguir religiosamente las reglas no escritas del “off the record” aunque esto suponga blanquear, moldear o directamente esconder supuestas verdades confesadas en ese acto de complicidad mal entendido.

Pregos, Urbanos, Peñafieles, Ansones y otros informadores sumisos de pasillo son los  últimos vestigios (aunque tienen buenos relevos) de esos voceros siempre al servicio del poder. Se agarran a algo tan añejo como ambiguo de “la vieja escuela” para seguir practicando de amplificadores de propaganda y guardianes de cualquier versión oficial.

Y están encantados de conocerse, muy cómodos en su papel de alcahuetos reprimidos por mandato, porque gracias a ese compadreo de curillas de confesionario terminan siendo protagonistas por encima de los protagonistas. Elevan sus egos por encima de la información para hacer giras de entrevistas y escribir libros soltando píldoras de sus secretos inconfesables con los que van haciendo caja.

A lo que hacen se le puede llamar de muchas formas, salvo periodismo.