La llamada del cuatrienio

Cada cuatro años toca.

Suena el teléfono o llega un email con una amable invitación a una reunión para venderte la piel del oso antes de cazarlo.

Si hay algo que me sigue tocando los cojones  es que quieran tomarme por idiota, otra vez.

Subir a la montaña

De un tiempo a esta parte me he propuesto no volver a escribir “en caliente” sobre determinados asuntos. Además, con todo lo que se ha dicho ya, este texto es por puro ocio  ya que poco o nada puedo aportar salvo una opinión de tantas como culos hay.

Así que lamento que, una vez más, haya resultado un tocho tan largo. Si no se encuentra con ganas de leer puede salir hacia un internet más divertido pinchando aquí.

El País publicaba el jueves un texto , que ha movido muchas teclas,  se cuentan detalles sobre una reunión entre  un grupo de personas relacionadas con el #manifiesto y Leire Pajín,  a la que le hicieron llegar un documento con lo que estas personas consideran cuatro propuestas de mejora  para la disposición final primera del proyecto de Ley de Economía Sostenible, ya conocida como “Ley Sinde”

El periodista podría haber obtenido esta información de varias formas:

Asistiendo a esta  reunión, cosa que pensé había sucedido en un principio, ya que el firmante la califica de “casi clandestina”. Pero no encontré nada en el texto que indicara su presencia o bien que alguien le cuenta lo sucedido en esta reunión, aunque tampoco cita  fuente alguna de esta información.

O una tercera que es la que parece la buena, según uno de los asistentes, alguien filtra lo sucedido allí. Según se desprende de este texto de Fernando Berlín:

“Pero resulta que ayer, antes de que los propios asistentes pudieran contarlo, alguien filtró información del desarrollo de la misma a Ramón Muñoz, de El País.”

Realmente ya no me importa quién sea la fuente porque pretender que en una sala llena de periodistas y políticos no haya nadie que cante es bastante complicado. Sólo les faltó avisar a Forges para que hiciera una viñeta y la publicara en directo mientras charlaban.

El uso torticero y opinativo de la palabra “clandestinidad” deja en evidencia que es un añadido de su cosecha gracias a  comentarios de algunos de los asistentes a esa reunión que El País describe  como secreta. Al parecer no lo fue tanto, fue anunciada a través de una lista de correo a y llegó al menos a unas 100 personas, según Ignacio Escolar en este comentario.

Por mucha prensa  de fantasía que nos quieran seguir colocando, el lector debería tener el derecho a conocer la fuente,  porque el texto de Ramón Muñoz tiene su punto de  mamporrerismo político, añade opiniones propias e  interpretaciones  como si de informaciones se tratasen y con un tufo a intoxicación que  huele de lejos. Aunque  Miguel Ángel Uriondo no opina lo mismo y lo presenta como cabeza de turco ” de los de internet”.

Es el método viejuno, cutre, chusquero, el de la prensa oficialista, la que se moviliza a la llamada del teléfono rojo y mantiene guardia de pasillo rondando siempre las puertas de la casa grande, siempre dispuesto y complaciente.

Los diarios que se autodedominan “de referencia”,  lo que otros entendemos como prensa de rigor informativo,  se diferencian de los periódicos de opinión porque acostumbran a prohibir que los redactores encasqueten sus opiniones , o de fuentes anónimas, cuando de información se trata. En este caso la fuente ni se intuye por lo que le atribuyo al redactor todas las opiniones que añade y que son coincidentes con la línea editorial.

Y no son pocos los que intentan pensar por su cuenta, leen, comparan, preguntan (y se preguntan) y prefieren que la prensa les sirva información y opinión en distintos platos bien  etiquetados.

Por otro lado El País no se molestó mucho en informar sobre el resto de reuniones que estas personas han mantenido ya con el resto de grupos políticos, más bien esos otros encuentros  importaron poco menos que nada.

Cierra la nota destacando el silencio tuitero y la callada pactada en los blogs de los asistentes a la hora de relatar y/o anunciar la reunión, no sé si para hacer quedar de pícaros en la sombra a los “de internet” y desacreditarlos o para destacar la capacidad de convencer, poderío y artes negociadoras de Pajín. Puede que ambas cosas.

Todo con una pinta de turno de juego con movimiento meditado, muy parecido al de la publicación masiva del manifiesto, pero esta vez asegurándose primero el altavoz de los medios que mejor soban lomo de gobierno.

El silencio de los corderitos

La reunión deja una buena sartenada de contradicciones de los que siguen queriendo ser el cuarto poder hasta para decidir sobre la cultura. Nada menos.

Algunos, que dicen no representar a nadie más que a si mismos siguen hablando de los derechos de los internautas. Otros, como Juan Varela,  añade  en su blog este video, en el que arranca diciendo:

“Yo creo que ahora tenemos, de verdad, la oportunidad (…) de hacer que sea realidad convertir los medios en un espacio público donde la información sea realmente de la gente”

Todo eso sólo será posible cuando no  acepten ruedas de prensa sin preguntas, topes o límites impuestos para el seguimiento de eventos y reuniones que conciernen a la red y otros pactos cagones de periodista de salón.

Pocos son los que han podido leer ese texto original con los cuatro puntos de esas propuesta,  porque el silencio y el ruido en forma de  polémica han contrastado mucho con la alegría de la explosión comunicativa de la primera reunión. Supongo que escarmentados por el apedreo inicial y por el lógico barullo de intentar consenso en un colectivo tan anárquico y plural como “el internauta”

Amén del soprprendente mutis por el foro de esos que tanto gustan airear todas sus comparecencias, actos, entrevistas, jornadas y encuentros digitales, tampoco se pueden leer aún  muchas críticas frontales a la manipulación.

Sólo un tímido “medias verdades” y alguna aclaración al vuelo sobre “el secreto”.

Es esa “seriedad”del  corporativismo mal entendido del gremio periodístico que sólo se rompe un poco cuando el plumilla abandona su medio o su medio lo abandona a él.

Porque  no sé para ustedes, pero para mi es tan importante lo que se cuenta, como lo que se calla y los motivos para callarlo. Por ello sería saludable que se admitieran los errores y a seguir caminando.

Prefiero seguir subiendo a la montaña a sentarme con el cuaderno para tener un gran plano general que no me intoxique la opinión, porque no son sólo los soldados citados los que están en el campo de batalla. Y el resultado de la contienda es lo que en realidad interesa.

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