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Últimas viñetas en Euribor y lainformacion

La reforma de la Constitución y los recortes en educación en Madrid, Galicia, Castilla La Mancha y Navarra ocuparon gran parte de las discusiones.


La precariedad en el ADN, la decisión de Trabajo de permitir que se encadenen contratos temporales durante dos años ha sido otro tema simpático de la semana.

Por último, las directoras de campaña de PSOE y PP anunciaron un acuerdo para no bombardear con carteles y demás parafernalia propagandística hasta el inicio de la campaña electoral del 20-N.
Es decir, que una vez más, se autoregalan un trofeo y se felicitan por anunciar que van a hacer lo que deben hacer, demagogia en campaña eterna.


Pedir, el negocio más antiguo del mundo.







Me hablaron de rigor, información, pluralidad, objetividad, imparcialidad, compromiso, verdad… pero al minuto siguiente quisieron venderme yogures.


Ayer la mayoría de medios sacaron a sus portadas su línea editorial más pelota.
Una legión de empresas que en un pasado, ya olvidado, prometieron rigor informativo, compromiso social y todas esas memeces se dedicaron en cuerpo y texto a maquillar publicidad para darle apariencia de noticia de interés general a…la web de Zara.
Es posible que esta jornada sea recordada como un ejemplo más del retroceso de eso que hace dos días muchos totems de al comunicación anunciaron como “la refundación de la prensa”.
Los alumnos de las facultades de Ciencias de la Información saben que ya no hace falta ni pedir apuntes, basta con hacerse con el catálogo de HiKea, el último folleto de VresKha, hacer dos clics en la página de Zaska o sacarse la tarjeta del Corte de las Ingles y muy pronto serán doctores en doblaje de prendas o expertos en corrimiento de cortinas de probadores.

Los amantes del saldo de Amancio convirtieron sus redacciones en un photocall de mercadillo.
“Nena, dos bragas 20 duros”, nos gritaron durante todo el día, incluso desde la la televisión pública. Pocos medios pudieron ocultar el culto de adoración a la empresa en el que convirtieron sus sumarios.
Y me imagino a plumillas, montadores y medios bustos parlantes revolviéndose en silencio en sus licenciaturas y aporreando apasionados sus nuevos teclados.


