Política para amebas

Política para amebas, el salario mínimo

Viñeta del 14/10/2018 en CTXT

La propuesta se subir el salario mínimo a 900 euros, junto a otras medidas, ha hecho que el PP retome con fuerza sus argumentos más gastados y rancios. El escenario apocalíptico que pinta el PP va acompañado del ya tradicional comodín de “Venezuela”, faltaría más.

Pablo Casado, el de Harvard, más conocido por su nombre artístico de “El niño las fosas de no sé quién”, imagina largas colas de obreros a las puertas de las empresas. Hordas de trabajadores, pala en mano, dispuestos a saquear las cajas fuertes para después desmembrar y deglutir los cuerpos de los sufridos empresarios.

 

La portavoz del Partido Popular en el Congreso se marca un combo con el socorrido y manoseado yuyu de la antipatriótica “rompiura de España” para enlazarlo con el inevitable chavismo. Después soltaría un aún más glorioso y absurdo Max Mix.

 

 

Y el presidente del PP de Castilla, al que quizá le faltó añadir por ahí unos nazis y unos zombis (o unos zombis nazis), se luce con un perfecto triplete de separatistas, filoetarras y…¡venezolanos! En genérico. Venezolanos sin más, venezolanos como ciudadanos de un país.

 

 

Hay más de 196 países en el mundo, pero oiga…¡Venezuela! 

Hasta las amebas se aburren de esta mierda que el PP llama política.

 

A vueltas con la hora

Cambio de hora

Viñeta del 01/09/2018 en CTXT

Tras la propuesta de la Comisión Europea de terminar con el cambio de hora estacional en la Unión Europea, Pedro Sánchez anunció que creará un comité de expertos para estudiar si España debe cambiar la hora. Estas son las típicas propuestas pirotécnicas que provocan ruido y debates acalorados que duran un día, con suerte.

No sé para qué necesitan crear ese comité, con el gasto en tiempo y recursos que supone, cuando hay millones de españoles expertos en el asunto. La cosa es simple. El cambio de hora nos transforma en no muertos desorientados, provoca jaquecas, pérdida de ubicación espacio temporal,  migrañas y estreñimiento. Es decir, menos de lo que nos sucede tras un trasnoche cualquiera de fin de semana o una merecida e intocable siesta olímpica.

Esa sensación que tenían algunos ilusos entrañables de que el PSOE iba a poner patas arriba el sistema, que iba a ajustarles las cuentas a los bancos, a los defraudadores y a los explotadores, que iba a dejar la reforma laboral niquelada, y otras cositas guapas, empieza a desvanecerse.

Pasada la euforia del periodo del estreno del mandato, el desfile de fichajes y de la salida entre pataletas y sollozos del partido de las corruptelas vuelve la realidad de siempre, unas cosas no se pueden hacer, otras hay que estudiarlas, estas otras ya veremos, pero casi todas ellas necesitan los apoyos suficientes que no en todos los casos van a tener.

¡A por ellos!

En julio, la ministra de trabajo dejó caer que plantearía un arreglo fiscal, eso que llaman “modular”, para que los autónomos paguen por sus ingresos reales. 

Aquí lo espero, comiendo un huevo. Bueno, medio. Vaya a ser que me exceda con el gasto por encima de mis posibilidades.

Ayer, Pablo Iglesias se reunió con Pdro Schez y después anunció, satisfecho, que habían acordado bajar impuestos a los autónomos y aplicar “cuotas progresivas”. Pero habría que esperar primero a que se haga y después a la letra pequeña.

La cuestión es que ya he visto el último apunte de la cuota del autónomo y recibo con alegría la subida de 3,86 euros que nos encalomaron con la aprobación de los Presupuestos Generales de Estado a los que cotizamos por la base mínima, 46, 32 euritos más al año.

Encima hay que llorar con un ojo porque esta subida del 1,4 % es menor a la del año pasado, que fue de un 3%.

Es que claro, esto será cosa del gobierno de antes, o de que el verano no es tiempo para ajustar estas tonterías. O igual es que hace falta crear otra comisión de expertos, de esos que se chutan un buen sueldo y otros complementos para determinar si hay que exprimir más o un poco menos-más, pero exprimir siempre desde abajo.

Así es la política pirotécnica. Donde se promete oro, las sillas son de plástico.