Poesía

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Viñeta del 14/08/2016 en CTXT

En agosto, como cada año, se conmemora el  aniversario del masacreo atómico en Hiroshima y Nagasaki. Este año tocaba el 71.

Y como cada año, se vuelven a leer las mismas leches, una legión lo justifica, aplaude y presenta como un acto glorioso y necesario para terminar con la guerra. Escabechinas inevitables, estaba escrito en el cielo.

Y cada año se le resta un cacho al asesinato masivo y se le añade otro poco de heroicidad. Es la épica del discurso poético del matar.

“La muerte cayó del cielo”, dijo en mayo el presidente de EE.UU., Barack Obama, a las víctimas del ataque nuclear de Hiroshima a modo de tributo. Unas bombas de las gordas se desprendieron de una nube, cosas que pasan.

Cada año se pierde un trozo de la masacre y se suma una nueva ración de basura poética que convierte la hipocresía en equidistancia y simplismo. Muy pronto, las fotos de las  cenizas no serán más que recuerdos borrosos de aquello que pasó con una bombona de butano en un barrio de Japón.

Atado y bien atado

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Así se titula el último libro de poesía del malagueño José Peral Jiménez o J.P.J  “Scotta”.

Scotta debe haber perdido la cuenta de la cantidad de libros de poesía que ha escrito y de otros tantos en los que ha participado. Para su último título quiso confiarme la nada fácil tarea de ilustrar  sus ideas.

Si escribir poesía se me antoja imposible, he podido descubrir que dar imágenes a líneas ajenas es también una tarea muy complicada.

El libro, de  18×11 cm,  122 páginas y un precio de 5 euros,  solo estará en dos librerías, Olimpia y San Benito, de Campillos (Málaga), localidad de donde procede José.  

Es una autopublicación bajo una de las colecciones de la editorial malagueña Corona del Sur, en una primera tirada se imprimen 200 ejemplares que pueden comprarse  por correo electrónico a su autor o en su página de Facebook. La primera presentación será en Fuengirola (Málaga) en “Ojos de Perro Azul“. 

Durante el mes de septiembre, lo paseará por el norte, y más tarde por Granada y provincia, acompañado por el  tocaor de guitarra, de la escuela del Niño Miguel, Francisco Jiménez “El Curro”.  Y es que Scotta no tiene reparos en sentarse allá donde haga falta,  para ello se costea de su bolsillo todos los viajes para hablar del libro, pero sobre todo declamarlo. Ha llegado a hacerlo en un ascensor.