
Siempre que veo un mendigo en la calle tengo el mismo impulso, me da por acercarme para que me cuente su historia, necesito saber cómo llegó a la calle, ya no me motiva leer las biografías de los triunfadores que levantaron un imperio de la nada, mentira. No representan a la gente de la calle.
Pasar de ser lo que la mayoría somos (no sabría ponerle un nombre) a ser rematadamente pobres no es tan difícil, es una frase que repito cual abuelo cebolleta cada vez que veo imágenes de pobreza, nuestra mendicidad es la misma, sólo cambia el vestuario y el escenario.
Sólo tenemos trastos que cada día se convierten más rápido en objetos caducados para que nuestro vecino se sienta autorizado a mirarnos con lástima.
Recuerdo que no hace tanto amigos y familiares me insistían con la pregunta esa estúpida de ¿Cúando te vas a comprar un piso? seguida de esa que parece que va asociada de ¡cómprate un coche! para rematarla con ¿y vosotros cuándo vais a tener un niño?
Casa , coche y niño, son las tres metas principales del zombie aborregado común en cuanto cree ser adulto y con esto ya tiene la felicidad, full-extras, conseguida.
Aprovecho para contestar en esta fresquita mañana de crisis mundial.
Nunca, nunca haré ninguna de esas cosas, al menos del modo que todos han venido haciéndolo hasta ahora como por mandamiento universal.
Casas hay más que terrenos se pueden alquilar, okupar o pedir prestadas, no quiero tener un montón de hormigón que no vale lo que cuesta sobre un suelo prestado que se coma tres cuartas partes del sueldo resultante de currar como un mulo.
No quiero un coche, hay millones de coches hasta los alquilan, puedes pedirlos prestados, robarlos, se puede ir a todos sitios en bici, andando, en autobús, autostop, en tren, avión o en parapente o en una combinación de estos y otros muchos medios de transporte.
Y no quiero tener hijos fabricados en casa, hay niños a porrillo arrumbados por esquinas,diseminados por todos los rincones del mundo trabajando por menos de medio dolar al día incluso arrastrando un kalaka en medio de cualquier guerra olvidada, si puedo y me dejan intentaré trasladar a un niño de estos de su miseria a la mía.
Que revienten los bancos y que la explosión se escuche hasta en Katmandú.
Porque el dinero que se ha “perdido” hoy aparecerá de repente cualquier día y aquí no habrá pasado nada, seguirá sonando la musiquilla del anuncio de Cofidis y seguiremos viendo la jeta hipócrita del anuncio de “esta soy yo…y esta con 3000 euros”
Eso si no aparece antes el anuncio de Llongueras y provoca un descolgamiento crónico de tripas mundial.