Telemarketing

Los teleoperadores parecen querer salir del armario del acoso, pero no terminan de decidirse.

Se cabrean de que nos cabreemos. Se sienten indignados cuando reciben insultos y piden respeto, pero siguen arruinando siestas, bien de interés cultural de este país, con sus contínuas llamadas de spam. Porque se basan en el más puro spam, para camelar a 40 putean a 40 millones.

Lejos de admitir abiertamente sus abusos y persecuciones, por muy obligados que digan estar,  han empezado a expresarse anónimamente en internet como si de sicarios se tratara,  mostrándose casi como víctimas de la sociedad consumista. El miedo al despido y “es lo que nos ordenan” son los argumentos más repetidos, lo de siempre.

Si quieren parecer mejores profesionales personas y de paso hacer algo por dignificar su profesión podrían crear un  Wikileaks con la lista de prácticas mierdosas de esas empresas para las que trabajaron o trabajan y ya puestos que se publicaran las pruebas de sus chanchullos y negocios con nuestros datos personales.

Y luego ponerle remedio.