Carreras cortas

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No crean que es una idea descabellada, ya hay quien imparte “cursos” de Twitter en alguna universidad, se lo juro.

Nadie se extrañe que dentro de nada haya diplomaturas de Twitter y licenciaturas en Féisbu (que es más complejo)

¡ Y  doctorados en SMS ¡

Y si se satura el mercado de los cursos “punto lo que sea” siempre puede montar usted su propio curso de reciclaje para los viejunos del irc

Menudo burbujón…

Loro ladrador

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De un tiempo a esta parte me convenzo cada vez más, puede que de mi propio error, de creer que nos estamos quedando cada vez más secos en lo que a ideas,  inventos y nuevos proyectos en la red se trata y que no creamos nada, nos conformamos con versionear y adaptar buscando salpicaduras temporales del éxito de otras ideas ya ensayadas.

Siempre a la caza del Vicente seguro.

Cuando Google  “rejuntó y organizó” internet para servirlo ordenado se acabó la guerra de los buscadores.

Por entonces era evidente que alguien acabaría haciéndolo, era una cuestión de primera necesidad internetera, hacía falta. Por entonces había más gente con ganas de subir que de bajar, pero mucha más con ganas de encontrar.

Pero eso ha cambiado de una forma un tanto curiosa, esos amantes de aportar y que disfrutaban haciéndolo se han visto solapados por una avalancha increíble de opinantes salidos de la nada que posiblemente ni hayan conocido los  chats, puede que tampoco los cuadriculados PHP-Nukes que se reprodujeron como setas y que llegaron a  los blogs desembocando en un ruidoso ojopatio de microbloggeros censados en mil y una red social todos hablando al tiempo.

Es la filosofía de la frase rápida, la cultura del pim-pam-pum, todo lo que sea un poco más largo de nosécuantoscaracteres ya debe parecer un coñazo escrito por un aburrido, incluso el “nuevo periodismo digital”  ya  ha adaptado  ese formato del  toma-toma-toma (que ya practicaban) y correr enseguida a otra cosa.

Esto me recuerda al cambio que pegó, para mal como casi siempre, la televisión de mediados de los 90, que nos fue colocando modelos de importación USA basados en programas construídos en una sucesión de píldoras “chou” que consiguieron recuperar algunos espectadores cansados de los formatos masticados, que esperaban frente al cuadrulo sabiendo que el siguiente microespacio no tardaría en llegar y quizá le interesaría.  Así se tragaban la misma mierda pero esta vez en zurullitos cortos.

Ya podemos hacer una buena lista de clones de Twitter, los hay de todos los colores y sabores, con más texto, con menos, con fotos, redondeados y rectangulotes y  ya es evidente que  no hay ni  tiempo ni gente para  tanta feria de chismes con nombres tontunos, de animal, onomatopeya o sonido de flatulencia.

Pero nos da igual, en este juego de los social para innovar basta con crear algo parecido a algo que ya se use , los chinos llevan décadas haciéndolo y les va fenomenal.

El resto es sentarse a esperar  a que sea la jauría la que acabe por darle un sentido metafísico a su uso, así no tardarán en aparecer, otra vez,  titulados en la venta de naderías, sin más  autoridad ni argumento que  declararse usuario avanzado de la cosa  para certificar que hay que usarlo y estar así en la cresta de algo.

No me parece descabellado que aparezca cualquier lumbrera de esos e invente un chisme que permita tenerlos todos centralizados en un sólo sitio, como un Tamagotchi grande , así cuando todo esto explote sabremos hacia donde mirar para ver el gran resplandor del pete.

No creo que quede  nada que se haya convertido en cosa de uso masivo, popular o populista que no hayamos copiado, versioneado o clonado, siempre mientras suena esa canción de que si puedes aportar algo para mejorarlo merece la pena hacerlo, es más, estamos  obligados a hacerlo en aras de la revolución tecnológica que sigue queriendo crecer con  unos mimbres flojos de unas conexiones de alfalfa a  precio de langosta.

Resulta paradójico que se siga  hablando de la conversación a la vez que se va limitando la extensión de lo que se dice, cuando más se dispersan los participantes entre tanto seguidor, tanta estadística de popularidad y cuando hay más gente hablando y repitiendo que escuchando.

naricesHe ido puliendo de duricias este texto durante un tiempo pero no ha sido posible dejarlo en 140, ni 280 caracteres, y no,  la viñeta tampoco valía más que mil palabras.