Todo al 233

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Estos dos personajes, de color oscuro, se empeñan en opinar sobre todo, creen que por ser pobres tienen privilegios y más razón que  el resto de humanos que pululamos nerviosos, cargados de bolsas, bajo millones de bombillas comprando todo lo comprable y amontonando sacos de comida para desparramarla toda a la vez sobre la mesa por una noche. No se lo tengan en cuenta, no  saben el placer que produce comprar.

Pero hay cosas que hace siglos que no compro o no he comprado nunca:

-Una cartera, siempre está hecha unos zorros y la gente al verla suele darme una limosna cuando la saco para pagar. Todas las que he tenido en mi vida han sido regaladas.

– Con los relojes y las camisetas de manga corta me pasa tres cuartos de lo mismo, ya he olvidado el tiempo que hace que no llevo un reloj de una marca de cerveza o de patatas fritas.

-Calzoncillos y calcetines, de esto no estoy muy seguro, es posible que haya comprado alguna vez gayumbos y portapies en persona, pero  juro por todas las gomillas dadas de si que ya no me acuerdo cuando fue la última.

-Lotería, las pocas veces que he comprado un décimo ha sido porque me la metieron por las narices en algún curro pero desde que me hice autónomo hasta me he olvidado de cómo son las administraciones de lotería por dentro. Algunas veces caía alguna participación de alguna tienda donde compraba aperos de pintor o de un bar.

Para estas cosas de la suerte soy un extremista, creo que si tiene que tocar ha de ser por suerte natural y no comprando posibilidades.

Así ha vuelto a ser este año, en esta casa se juega todo al 233.

Los compañeros de lainformacioncompran este número  por el nombre de su blog 233 grados y han tenido el detallazo de hacerme partícipe de medio décimo, más allá de lo que pueda suponer en urdeles “un cacho de gordo” me quedo con la forma que han tenido de hacérmelo saber, ha sido un gesto amable de esos de los de compartir.

Como soy de los que me apaño con poco (tengo varios masters en “poquez”) les aseguro que con medio décimo de gordo, mañana le iba a hacer un banner a Menéame Rita la Meneadora.

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El país del agujero

La Loteria Nacional es el fraude más grande que conozco, con el rollo de la ilusión recaudan otro montón de pasta en impuestos voluntarios.

Otro piramidal más, está pensado para enriquecer a los faraones que organizan el jueguecito.

Y el negocio es redondo porque la probabilidad de que toque una cifra importante es de una entre 85.000, es decir que hay un 85% de probabilidades de perder todo, un 10% de recuperar lo gastado y un 5% de que te toque un algo más de lo desembolsado.

Pero la ilusión y todo el tejemaneje publicitario que rodea a la lotería es lo que nos acaba despistando de la cantidad de millones que ingresa el estado a costa de nuestra fascinación  tercemundista por el dinero en montones de “a millón”.

Si éste fuera un país próspero nos la sudaría la Lotería, tendríamos ilusión suficiente con construirnos un presente digno con lo que se gana, con nuestros negocios y trabajos, pero no.

Hemos vuelto a escuchar todas esas entrevistas en las que un paisano elegido al azar a la pregunta milenaria de:

-“¿Qué haría usted si le tocara el gordo”?

Ha soltado la archiconocida respuesta de:

-“Yo, tapar agujeros”

Pero será “nuestro agujero” el que nos sigan tapando.