Explotación

Explotación

Viñeta del 20 de enero de 2018 en CTXT

Durante 2017  se hizo la primera huelga de trabajadores de Deliveroo y creció el número de denuncias sindicales y críticas contra las mal llamadas empresas de la “economía colaborativa” como Deliveroo, Stuart, UberEats o Glovo.

En realidad no son más que vericuetos para rebautizar la explotación y poder mostrarla como una evolución del empleo dentro de eso que llaman la “”gig economy“, neopalabro chuli que define la contratación puntual para trabajos eventuales para los que el currante tendrá que poner de su bolsillo todos los recursos para poder desarrollarlo.

Yo prefiero llamarlo trabajo de mierda, sin subterfugios, porque va mucho más allá del trabajo basura.

Viñeta de julio de 2017

Estas empresas ni contratan ni está entre sus planes jugar con la legislación laboral que jugamos todos. Además quieren regulación a medida para seguir normalizando la explotación y la precariedad.

Los nuevos esclavistas siguen predicando “lo nuevo”, que es tan viejo como nuestra propia existencia, con su diccionario de eufemismos bajo el brazo.

Viñeta de enero de 2015

Deliveroo hasta se permite el lujo de amenazar a la UE con la pérdida de “empleos” si se da derechos a lo que ellos llaman ‘riders’, el repartidor (en bici) de toda la vida.  Estos cínicos ahora hablan de empleo cuando se han empleado a fondo para negar que los repartidores fueran sus empleados.

Explotación o barbarie

Si en octubre de 2017, Deliveroo retorcía su cinismo diciendo que dar derechos a los trabajadores aumentaría el precio de las entregas más de un euro, su nuevo argumento es aún más bajuno.

Deliveroo advierte ahora a la Comisión Europea que se perderán 54.000  supuestos nuevos puestos de “trabajo” en dos años si se les obliga a dar derechos a los repartidores. Toda una declaración de intenciones sin doble interpretación, si no se les permite seguir atropellando al trabajador se van a cabrear y van buscar nuevas ubicaciones que favorezcan la impantación de sus plantaciones de Apps.

En una respuesta a una consulta de la Comisión Europea sobre el acceso a la protección social, Deliveroo llamaba a la Unión Europea a evitar acciones que frenaran el crecimiento de  su empresa, alegando que ellos han contribuido a crear  13.000 empleos en restaurantes y en sus cadenas de suministro en Europa durante el último año, 520 de esos empleos en España.

 

Viñeta de julio de 2017

En diciembre de 2017 el Tribunal de la UE sentenció  que Uber es un servicio de transporte y no una plataforma digital colaborativa impidiendo que sea operado por conductores particulares lo que envió un serio aviso a empresas como Deliveroo  o Airbnb.

En julio de 2017, la Inspección de Trabajo y Seguridad Social, abrió una investigación para determinar si Deliveroo estaba empleando a falsos autónomos para evitar el pago de impuestos y la cotización a la Seguridad Social y una resolución de la Inspección de Trabajo de Valencia, al contrario que otras, consideró que los repartidores de Deliveroo: “No son autónomos, ni trabajadores por cuenta ajena”, son “asalariados”.

En enero de 2018, La Inspección Laboral de Madrid sanciona a Deliveroo y vuelve a dar la razón a los repartidores. Dictamina que mantienen relación laboral con la empresa. La Inspección de Trabajo determina que los repartidores de Madrid son falsos autónomos y, por tanto, asalariados, por lo que la empresa debe darles de alta y no descargar ese coste en los trabajadores.

Como era de esperar, Deliveroo anuncia que recurrirá.

Marzo de 2018: Otra más, la inspección de trabajo francesa determina que  los repartidores de Deliveroo son empleados.

Pero a estos nuevos terratenientes, que implantan una App en vena a los porteadores para teledirigirlos a sus entregas, todo eso les da igual y defienden que la forma de trabajar debe ser así:

El trabajador se paga su cuota de autónomo, su uniforme, su vehículo, mantenimiento y reparaciones. Nada de vacaciones, gastos en bajas por enfermedad, accidente ni chorradas de esas. Y hay que estar disponible cuando a la empresa le salga de los genitales.

La empresa, además de ahorrarse cotizaciones e indemnizaciones por despido, porque no contrata, puede establecer horarios, precios y tiempos de entrega para apretar al máximo  “premiando” con más trabajo al que más se juega la vida para llegar antes y penalizando al que se retrasa o no acepta todas y cada una de sus urgencias.

A todo eso lo llaman “flexibilidad”

Viñeta de noviembre de 2016

Así que, amigos posmodernos de empresas chanchullo que os encondéis tras una falsa economía colaborativa, eso no es el mercado ni es colaborativo. Eso es ser explotado como falso autónomo. Métanse esto en la cabeza: el autónomo no tiene jefes, tiene clientes.

El autónomo no tiene un horario fijado por nadie, tiene un producto o servicio, si usted lo quiere lo compra o contrata y si no le interesan las tarifas y condiciones que marca el profesional autónomo en cuestión, le pide usted el producto a otro que lo venda a un precio que se ajuste a su presupuesto. Sin más historias, como comprar en una tienda u otra.

Viñeta de diciembre de 2014

Así que, en lugar de seguir con ese discurso idiotizante de la emprendeduría y la nueva economía, hagan gala de su tan cacareada creatividad empresarial y su pasión por crear  negocios e intenten crear empleo de verdad y no esas porquerías más propias de señor feudal.

 

Trabajar en Europa

jinn

Viñeta del sábado 22 de julio de 2017 en CTXT

Jinn” es otra aplicación de una empresa de reparto de comida. Jinn significa genio en árabe. Otro tingladillo más de tantos nacidos del rebautizo de la explotación para mostrarla como evolución del empleo, eso que llaman la “gig economy“.

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Lo “gig” se puede resumir como contrataciones de personas para trabajos puntuales y esporádicos durante momentos concretos. Nada nuevo, ni debería resultar un problema. Trabajillos ocasionales de los que siempre han existido. El chapú de toda la vida, pero ahora con un nombre neocuqui y basado en la App de unos emprendelistos como eje central de su deslumbrante startup. Intermediarios chupópteros, nada que ver con la economía colaborativa.

El problema, también el siempre, es que estos listos ni contratan ni quieren jugar con las legislación laboral que jugamos todos. Y además quieren regulación a medida para seguir normalizando la explotación y la precariedad. Son los nuevos terratenientes digitales predicando “lo nuevo” con su diccionario de eufeminglish bajo el brazo.

El propietario de Jinn App se encontró en enero con los repartidores de su empresa. Estaban bastante cabreados. No se les había pagado lo que se les debía y además se habían cambiado sus contratos por lo que pasaban a cobrar por entrega y no el salario mínimo legal. El mismo chanchullo de Deliveroo.

De hecho,  según ED, los genios se lavan las manos de la misma forma:

Los emprendedores se defienden. Aseguran que los conductores no son sus empleados ni están obligados a aceptar sus pedidos.

Y es que…¿cuándo ha escuchado usted a uno de estos pijos estartuperos y charlatanes hablando de los derechos y condiciones de sus repartidores o de mejorarlas? Para el entrepeneurista, el obrero suele tener la misma importancia y consideración que un paquete de folios o una papelera, con suerte.

Explotación opcional

Pero oiga, que si no quiere que lo exploten puede decidir no dejarse explotar. Usted es libre para irse a que lo exploten en otro sitio. Los de Jinn creen que con ese argumento ya son libres para seguir explotando. Es la máxima del “liberalismo” económico mal entendido. Libertad para lo mío por encima de cualquier ley, persona o derecho.

Observe como uno de los fundadores de Jinn, León Herrera Sáez-Benito, saca su mazo de tarjetas prepago y las baraja como si fueran cromos, mientras mastica su chicle, para intentar calmar a sus empleados (que no reconoce) mientras le reclaman su dinero.

 

Una genuina escena costumbrista del nuevo feudalismo. 

 


Fuente y más pistas de los “genios”