Adiós, no ha sido un placer

Rajoy a la calle

Viñeta del 30/05/2018 en CTXT

Hoy es un gran día. Mañana ya veremos, pero hoy no está de más alegrarse un poco.  Nada más sano que airear cuando lleva demasiado tiempo oliendo a cerrado, aunque esto no sea una reedición del bipartidismo descafeinado, que muchos daban por muerto.

A las 11:33 de la mañana, Mariano Rajoy ha sido eyectado del Gobierno y expulsado al espacio exterior. El PP ha sido desmontado del gobierno como resultado de sus actividades delictivas y esa actitud prepotente que se alimenta de las mayorías, incluso sin ellas.

Y han sido soberbios y malencarados hasta para despedirse.



Ahora esto va rápido. A las siete y pico de la tarde, el camión de la mudanza estará pitando en la puerta de la Moncloa para que saque sus trastos y se pire. Mañana, sobre las 11:00, Pedro Sánchez tomará posesión y jurará o prometerá el cargo ante Felipito número seis.

Desde que se conoció la moción de censura a Rajoy, la maquinaria pepera no ha dejado de vender que provocaría el caos económico y social, los cimientos de la prosperidad y estado de muybienestar que Mariano creía haber construido se perdería por la irresponsabilidad de unos partidos de la oposición que, ¡oh!, sorpresa, querían el poder.

Soraya fue una más de las que se agarraron a ese discurso y el 29 de mayo, apurando el cartucho de la hecatombre, pintaba así el desastre:

Hoy las bolsas han vuelto a caer y la prima de riesgo alcanza cotas que hace tiempo habíamos dejado atrás. Esta moción de censura nos está costando a los españoles en términos de confianza y estabilidad. Es irreflexiva, improvisada e irresponsable y coloca a España en debilidad.

Estos, que no pierden oportunidad para cacarear su constitucionalismo como santa virtud  ahora patalean y lloriquean porque se usan los mecanismos de esa misma constitución. Es lo que tiene la democracia representativa.

Otros simpatizantes “demócratas” van más allá y directamente se toman el cambio de gobierno como un golpe de estado.

Pues, ea, adiós a todos. Va a ser un gustirrinín verles desfilar hacia la salida entre rabietas, reproches y sollozos. Hasta nunca.