Dibujantes despedidos

Viñeta del 28 de octubre en Patreon

A los dibujantes se les suele despedir por hacer lo mismo para lo que fueron contratados, basta que la empresa decida dar un quiebro editorial para mandarlos a la calle. Aunque habría que matizar que tampoco se puede llamar despido como tal, porque la mayoría no tienen un contrato que se pueda extinguir, por lo que sale muy gratis despacharlos.

No nos engañemos demasiado. Los que nos dedicamos a esto del garabato a veces parecemos un club de plañideras, pero hasta las plañideras cobraban mejor por los llantos.

Lo nuestro está más apretado. Seguimos buscando la risa/sonrisa/reflexión aunque el panorama laboral sea un erial que amenaza a desierto.

Este año está siendo malo para los obreros de la viñeta. Los dibujantes, igual que el resto de currantes de los medios, han tenido que ir sobreviviendo bajo una lluvia de despidos y recortes. Las bajadas de sueldo nos han precarizado aún más, si es que aún había margen para rascar.

En febrero de 2017, La Vanguardia prescindió de Miguel Gallardo  y Josep Maria Rius i Ortigosa “Joma”, dibujantes que colaboraban desde hace años en el diario. Sus colaboraciones fijas pasaron a ser esporádicas, a capricho de las necesidades del periódico. Y ya sabemos como acaban estos ajustes. En diciembre de 2013 ya hubo otra tanda  (captura) de despidos “de aquella manera”, por Whatsapp  –  (Captura)

Octubre empezó mal, se llevó por delante a algunos más. Ernesto Rodera anunció el día 3 que esta era su última viñeta porque en CTXT tenían que ‘recortar nóminas’,  la colaboración no llegó a cumplir un año. Rodera publicó su primera viñeta en CTXT el 10 de noviembre de 2016.

Última viñeta de Rodera en CTXT

 

Pocos después, el día 10 de octubre, Ferran Martín contaba que República prescindía de sus viñetas tras casi cuatro años de relación y anunciaba (captura) que pasaba a ser #HumoristaDisponible

Última viñeta de Ferran Martín en República

 

El 31 de octubre, Eneko las Heras  contaba que el diario 20 Minutos le había comunicado que prescindía de sus dibujos después de 17 años de viñetista en el periódico, que desconocía el motivo concreto y que tampoco preguntó. También añadió que algunos dibujos  (captura) ya no se habían publicado en papel durante las últimas semanas.

Última viñeta de Eneko en 20 Minutos

 

Estos son sólo algunos de los tenemos noticias, bien porque son más populares, tienen más visibilidad o alguien se preocupa por difundir su situación, luego están los que se van cantando bajito y van perdiendo espacios donde trabajar, pero no nos enteramos.

Lo que no contamos

Hemos normalizamos la precariedad, no sólo los dibujantes, todos. Nos han ido colando el discursito ese del freelance autosuficiente y toda esa mierda posmoderna de la cancamusa del emprendedor que puede trabajar en cualquier sitio del mundo a golpe de clic y algunos han llegado a creer que iban a llover longanizas de las gordas. Y si no consigues buenos encargos será siempre culpa tuya. Algo te falta o te falla, no eres bueno o hay otro mejor.

La realidad es mucho menos romántica. La mayoría de los autores son/somos autónomos sin más recursos e infraestructura que la mesa en casa y el lápiz.

Muchos de los que conozco necesitan currar para dos, tres o más cabeceras para juntar algo que se parezca a un sueldo. Y cuando un cliente se cae suelen quedarse en una situación cercana a la miseria. Algunos afortunados consiguen conservar varias colaboraciones y pueden aliviar el hachazo con otras ñapas, relacionadas o no con el viñeteo.

Pocos tienen un contrato, ni mercantil, que al menos les asegure cierto compromiso en tiempo y los precios a la pieza han bajado hasta parecerse a tarifas de hace  15 o 20 años. Otra lucha es la de la agonía del clic, ya hay gente currando bajo la sombra amenazante del cumplimiento de objetivos de tráfico.

Y el racaneo, el racaneo que no falte para seguir normalizando esa losa interesada de que con la tripa vacía se crea mejor y la monserga de que hay que promocionarse a base de regalar horas de trabajo para que se lucren cuatro listos.

Es habitual recibir propuestas de colaboración en las que el que hace la oferta está convencido de que  “colaboración” y “trabajar gratis” es la misma cosa, palabras gemelas e inseparables. Eso sí, con imposición de periodicidad y todas las obligaciones que quiera imaginar el medio que propone la colaboración. Así, ante la dificultad de “meter cabeza” y encontrar hueco donde publicar, no son pocos los que aceptan con la esperanza de que con el tiempo recibirán un pago decente “cuando la cosa funcione”.

Ya no estoy seguro de si hay más dibujantes que medios donde currar o menos vergüenza que ganas de tratar a los trabajadores con un mínimo de respeto.