Fichar en el trabajo

Fichar en el trabajo

Viñeta del 15/05/2019 en CTXT

La movida de fichar en el tajo, más allá de no ser nada nuevo, terminará como otras tantas leyes que regulan e intentan acabar con atropellos varios por las que los catastrofistas vaticinaron la tercera guerra mundial; en la normalidad más lógica y cotidiana.

Como toda ley a la que no se dedica presupuesto es mejorable, en este caso más inspectores y mejores condiciones y herramientas para los que tienen que perseguir el fraude y los abusos.

 



 

Enseguida aparecieron los que apelan al posmodernismo empresarial, que consiste en no pagar ni declarar las horas extra. Otras quejas son de los que aseguran que esto acaba con la «flexibilidad», muchos de estos no han visto un trabajo «flexible» en su vida,  piensan que el grueso del empleo es todo chachi-piruli buen rollo o bien mienten por un asunto meramente ideológico.

Los de siempre, como la CEOE, no tardaron en azuzar con el miedo alegando que fichar por obligación «aumentará la conflictividad laboral«.

Otros paletos van más allá y aseguran que “la España vaciada recibirá a palos a los Inspectores de Trabajo” , desde el SITSS ya les han contestado.

Curré para una empresa grande, pero grande de esas que cotizan en el IBEX y el asunto de las horas extra no pagadas no era negociable, eran obligatorias y ojito con quejarse.

Si me apuras, lo peor no era hacerlas, era el cinismo con el que contestaban a cualquier queja. Si un día terminabas tarde después de currar cuatro o cinco horas de más, nada de llegar algo más tarde al día siguiente. La respuesta solía ser «este trabajo es así» y  «organízate mejor». Eso de «organízate» lo siguieron repitiendo incluso cuando recortaron la plantilla hasta dejarla en mínimos insultantes y era imposible que un humano hiciera el trabajo de tres, cuatro o más.

Así, me vi obligado a intentarlo por la vía más lógica y me presenté a las elecciones sindicales en las que terminé de delegado. Para ahorrarles la chapa, no dio tiempo a mucho. Todos fuimos despedidos en oleadas hasta que cerraron la delegación.

 

 

Flexibilidad laboral fichar en el trabajo – Guía de control de horario de jornada laboral 

 

Marca España

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Entre un ciudadano que cree que Papá Estado le debe todo sin que tenga obligación de participar en nada y los creadores de esa patraña que llaman marca España hay un abismo.

Pero en esos extremos nos movemos gracias a que los ideólogos de la marca España han repetido eso de «hemos vivido por encima de nuestras posibilidades» hasta que ha calado y se ha convertido en una frase  envenedada que hace las delicias de los que ven los países y todo lo que contienen, como una empresa.

Y un país no es una empresa, no es una marca. Una marca tiene una estructura diseñada para un único objetivo; ganar dinero. Un país son sus ciudadanos, independientemente de a lo que se dediquen y no son empleados de sus gestores, son justamente lo contrario.  Y los ciudadanos tienen derechos y obligaciones y entre ellas la  de reclamar que su gobierno sea social y conseguir que la participación activa y real no se reduzca a eso que llaman la fiesta de la democracia,  otra frase que tuvo su éxito cuando aún acojonaba mucho el recuerdo fresco de la dictadura.

Los ideólogos de la marca de marras han construído un discurso único  entre el positivismo de garrafón y la rentabilidad económica  de todo como obsesión. Un híbrido institucional entre un anuncio de Cola o embutidos y aquel «estosololoarreglamosentretodos«, pero esta vez evitando todo ejercicio de autocrítica, escondiendo lo feo para dar barniz a lo menos malo. Y el argumento, también único, es la deuda pública.

Deuda que ha estado engordando gracias a gestores presentes y pasados que ahora cargan culpas sobre el conjunto de los ciudadanos, disparando al bulto.

En el pleno del jueves 8 de mayo, Rajoy volvío a repetirlo, volvió a decir que España había sido una fiesta del derroche y el exceso y añadió entre esos despilfarros que «… comprábamos grandes teles de plasma«.  Pero esas declaraciones no fueron el titular aquel día. Lo fue un error absurdo de Mariano al llamar presidente del Gobierno a no se sabe quién. Cosas de la prensa tonta, que sigue instalada en la bobada sin sustancia y en destacar chascarrillos de agenda  y tontolares prefabricados.

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Definición extraída de la web de la marca esa

El eje central de esta idea es la exaltación de la palabra más manoseada, España. En realidad, añadir España a la marca es la encerrona ideal. ¿Cómo puede alguien estar en contra de la marca si la marca es España?. Principio de simplificación.

Y la marca somos todos, nos recuerdan otra vez. España, España, España. Nada más burdo que intentar impedir que se  relativice algo tan complejo y plural como un país. Y la misión es tratar todo asunto desde el prisma económico, sobran las personas, mandan los números. Oponerse a este planteamiento para cazurros le colocará inexorablemente entre los antipatriotas, no lo dude.

El  paquete de la marca España incluye el enaltecimiento de los triunfos deportivos, las emociones en abstracto, los colores, el simbolismo, iconos patrios, emblemas de orgullo. La proyección de una imagen límpia de cohesión. Es la unidad de España, ese disco me suena.

En el dni aparece la nacionalidad,  ya sabemos donde vivimos. Repetir insistentemente el nombre de un país no hará que florezca.

No hay campaña institucional que pueda regular los sentimientos que nos alejan de las partes podridas de esa España rancia e inculta que pasea orgullosa una chuleada Constitución, como una cupletera anciana y fracasada, que cree que sigue viviendo tiempos de gloria que nunca tuvo.

La marca España es el resultado de las políticas de siempre, las del intento del control de los canales de comunicación y de los mensajes finales. Cuanto más cortos y patrioteros, mejor.

El discurso triunfalista de representantes que se mueven en escenarios donde pueden maquillar los problemas reales, donde  alterar cifras  deformando realidades cotidianas para convertirlas en anécdotas sin importancia.

En esa web de la marca España no aparece por ningún sitio la colección de insultos que sus gobernantes dedican a  a la gente casi a diario, porque esos ya no son marca.

En la web de la marca España no se avisa al lector de lo jodido que resulta ya vivir aquí.  Se va vendiendo lo guapo mientras se extirpa lo molesto.

Pero esta cosa de la marca quedará arrumbada, olvidada comiendo polvo, su web desaparecerá como tantas otras webs «oficiales» con planes que costaron una pasta y que se llevó algún amigo publicista del «Think Tank» de turno, como la oferta engañosa de una  agencia de viajes fantasma, como esas mociones campanario de ayuntamiento de pueblo sin presupuesto, que hacen mucho ruido pero no tienen ni campana.

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Caja registradora de la marca España