Una tía sin bragas

No pregunten nada, no hay que darle más vueltas, esto es un chiste cazurro más.

Uno de esos que suelo soltar en un bar cuando la tasa me come las venas, o si me arrastran a entrar en una iglesia o cuando me aburro en una charla de intelectuales o expertos de algo.

Y para que no levantar burbujas ni ampollas añado la versión paritaria, que estamos en una semana muy mala para hacer chistes sexistas y enseguida se enfadan los marujos políticamente guionizados.

 

Ya puestos, hace años que intento encontrar una respuesta coherente a otra pregunta:

¿Por qué se usa la palabra “braguitas” y no es tan frecuente escuchar”calzoncillitos”?

Y los lectores de eso que llaman humor inteligente casi mejor vuelvan el lunes, a ver si tienen más suerte.

 

Todo al 233

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Estos dos personajes, de color oscuro, se empeñan en opinar sobre todo, creen que por ser pobres tienen privilegios y más razón que  el resto de humanos que pululamos nerviosos, cargados de bolsas, bajo millones de bombillas comprando todo lo comprable y amontonando sacos de comida para desparramarla toda a la vez sobre la mesa por una noche. No se lo tengan en cuenta, no  saben el placer que produce comprar.

Pero hay cosas que hace siglos que no compro o no he comprado nunca:

-Una cartera, siempre está hecha unos zorros y la gente al verla suele darme una limosna cuando la saco para pagar. Todas las que he tenido en mi vida han sido regaladas.

– Con los relojes y las camisetas de manga corta me pasa tres cuartos de lo mismo, ya he olvidado el tiempo que hace que no llevo un reloj de una marca de cerveza o de patatas fritas.

-Calzoncillos y calcetines, de esto no estoy muy seguro, es posible que haya comprado alguna vez gayumbos y portapies en persona, pero  juro por todas las gomillas dadas de si que ya no me acuerdo cuando fue la última.

-Lotería, las pocas veces que he comprado un décimo ha sido porque me la metieron por las narices en algún curro pero desde que me hice autónomo hasta me he olvidado de cómo son las administraciones de lotería por dentro. Algunas veces caía alguna participación de alguna tienda donde compraba aperos de pintor o de un bar.

Para estas cosas de la suerte soy un extremista, creo que si tiene que tocar ha de ser por suerte natural y no comprando posibilidades.

Así ha vuelto a ser este año, en esta casa se juega todo al 233.

Los compañeros de lainformacioncompran este número  por el nombre de su blog 233 grados y han tenido el detallazo de hacerme partícipe de medio décimo, más allá de lo que pueda suponer en urdeles “un cacho de gordo” me quedo con la forma que han tenido de hacérmelo saber, ha sido un gesto amable de esos de los de compartir.

Como soy de los que me apaño con poco (tengo varios masters en “poquez”) les aseguro que con medio décimo de gordo, mañana le iba a hacer un banner a Menéame Rita la Meneadora.

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