Las prioridades de los asesinos

Razan al-Najar asesinada

La viñeta del 10/06/2018 en CTXT

El Ejército israelí dispara contra todo el que se acerque a menos de 300 metros de la frontera, pero según periodistas extranjeros presentes  en la zona durante las últimas protestas, ahora disparan contra personas que se encuentran a mayor distancia. Las cazan sin más.

Un francotirador asesinó a la enfermera voluntaria Razan al-Najar, de 21 años, que socorría a los heridos. Iba vestida con uniforme y llevaba distintivos de enfermera. Ese día, el ejército disparó a otros 40 palestinos.

Como es tradición, la maquinaria de propaganda israelí, que suele presumir de saber exactamente donde pone cada bala, no tardó en sacudirse las pulgas diciendo que no le dispararon intencionadamente, al poco, ya culpaban a la víctima.

Días después, otro francotirador hizo blanco en la pierna de Mohammed al-Baba, fotógrafo de AFP, mientras trabajaba.

Son sólo dos nombres más de entre los miles de heridos y muertos que no conoceremos y sólo unos pocos recordarán.

Si callas mueres

ETA ha vuelto a matar usando su «valiente» método del tiro en la nuca con Ignacio Uría

Cada vez me cruzo con más personas que opinan que habría que dejar de darles «difusión» mediática a los actos terroristas, que si  les damos menos o ninguna cancha se verán ignorados, asilados o algo que no se bien cómo definir y que tampoco se que efecto produciría.

Puede que muchas de estas personas que creen que no hay que hablar o hacerlo menos y que es mejor limitar la difusión de las  escabechinas etarras, por la circunstancia que sea,  estén ya inmunizados ante asesinatos selectivos con tiro en la cabeza, puede  que por lejanía geográfica, ideológica o cerebral piensen que es mejor dejar pasar de largo un muerto mostrando una postura antinatural de «pensar hacia otro lado»

Si bien es cierto que cada bomba y cada tiro aprieta millones de lenguas y desata una competición y bronca muchas veces innecesaria de condenas, el peligro de que estas ejecuciones se conviertan en algo cotidiano y aceptado con tranquilidad nos lleven a un irreversible inmovilismo de sentimientos que deje un peligroso legado a los que crecen y se forman con la violencia desfilando por sus televisiones.

Si callan a tiros a alguien y todos callamos, también estamos muertos.