No, el problema de la publicidad no es del lector

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Viñeta del 01/02/2017 en CTXT

Todos los ejemplos basados en la exageración son tramposos, aún así, imaginen que su televisión detectara cualquier acción de sus ojos, orejas o manos destinada a no ver o escuchar la publicidad que emite. Imaginen que el aparato interviniera impidiendo su decisión de no ver publicidad. Yo le pegaría un martillazo al aparato.

Aunque parezca ficción, es justo lo que hacen ya muchas webs, intentan alterar lo que configuras en tu ordenador para evitar que se bloquee la publicidad.

Muchos medios siguen empeñados en querer trasladar el formato tradicional de anuncios a un medio que no pueden controlar, quieren decidir cuando, como y durante cuanto tiempo tenemos que ver la publicidad, pero el modelo de tubo unidireccional con espectador pasivo se extinguió hace años.

La guerra de los bloqueadores ya no es novedad, lleva años librándose.

No, lo que no funciona correctamente es su avalancha de anuncios

Mientras las empresas continúan intentado frenar el uso de bloqueadores, incluso planteándose acciones aún más agresivas, siguen apareciendo anti-anti-adblock para saltarse el bloqueo de ciertas páginas a los usuarios de Adblock, uBlock Origin también ha creado un complemento para bloquear los bloqueos.

Usted manda en su web. No en mi máquina

Hay avisos más suaves, con una cuenta regresiva que permite acceder al contenido, otros más radicales que impiden el acceso si no se desactiva el bloqueador y también los hay equilibrados y amigables que informan del tipo de publicidad que van a mostrar pidiendo que se desactive el bloqueador.

Donde se vive el peor de los infiernos es en la versión móvil de determinadas webs, en las que la navegación se convierte en una jodida lucha contra pegatinas y pancartas de publicidad que se comen el contenido, la paciencia y la tarifa de datos.

Esta guerra sólo puede terminar de una forma, la publicidad tendrá que claudicar y relajar su totalitaria y agresiva forma de mostrarse golpeando en la jeta del lector, porque creo que es imposible que nadie pueda superar el resultado del trabajo desinteresado de miles de creadores de herramientas para frenarla.

La crisis 2007/2008 golpeó a un montón de gremios. Y los medios tampoco se salvaron,  aunque el periodismo ya arrastraba su crisis particular desde mucho antes.

Como empiezo a tener más años que un estanco, no olvido aquellos días en los que vi como dejaba de recibir encargos para pintar carteles a mano (entre otras cosas). Se empezaban a diseñar e imprimir a ordenador, lo digital iba imponiéndose.

En lugar de culpar a alguien, quejarme de la tecnología o unirme a grupos que intentaran retrasarla o frenarla, corrí a hacerme con un cacharro y a aprender lo que hiciera falta.

Elaborar información, o cualquier contenido de calidad, es caro y cuando algo es gratis es que alguien lo está pagando.  La publicidad es un “mal necesario”, siguen defendiendo algunos. Y es cierto, pero también lo es que aún son demasiados los sitios que no contemplan suavizar el impacto agresivo de sabanazos, ventanas  por debajo y por encima del contenido y todo tipo de mierdas intrusivas para imponer los anuncios.

Ya hay muchos medios que experimentan con modelos mixtos de publicidad, que se puede evitar con un pequeño pago periódico de suscripción, micropagos, contenidos extra y distintos planteamientos para hacer rentable su trabajo.

Si bien algo tiene que cambiar en la mentalidad del lector y debería apoyar, también económicamente, a los sitios que ofrecen aquello que gusta, el problema de la publicidad no es únicamente del lector. Sigue siendo de los medios y los anunciantes. Y de las empresas que diseñan las campañas, empeñadas en configurar un escenario más cercano a una orgía loca de cartelones.

 

Este texto sobre la publicidad en la calle y en la TV, atribuído a Banksy, encaja bastante bien como cierre.

“Hay personas que te están tocando los cojones a diario. Irrumpen en tu vida, te agreden gratuitamente y desaparecen. Se asoman desde lo alto de los edificios y te hacen sentir insignificante. Hacen comentarios desagradables desde los laterales de los autobuses dando a entender que no eres lo suficientemente sexy o que la diversión está siempre en otro sitio. Salen en la televisión y hacen que tu novia se sienta incómoda con su cuerpo. Tienen acceso a la más sofisticada tecnología que jamás se haya inventado y la utilizan para abusar. Son los publicistas y se están burlando de ti.

En cambio tú tienes prohibido tocarles. Las leyes sobre marcas, propiedad intelectual y derechos de autor dicen que los publicistas pueden decir lo que quieran donde quieran con total impunidad.

Que les follen. Cualquier anuncio en un espacio público que no te da opción a verlo o no verlo te pertenece. Es tuyo. Tienes derecho a cogerlo, transformarlo y reutilizarlo. Puedes hacer lo que quieras con él. Pedir permiso para hacerlo sería como pedir permiso para quedarte una piedra con la que te acaban de dar en la cabeza.

No le debes nada a las empresas. Menos que nada; y sobre todo, no les debes ninguna gentileza. Ellos te la deben. Han rehecho el mundo para ponerse delante de tus narices. Nunca te han pedido permiso; ni se te ocurra empezar a pedírselo a ellos”.

 

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