Fabricando juguetes V

Esta es, de momento, la última entrega de la serie, pero en cuanto recuerde más juguetes de autofabricación la retomaré. He dejado para el final esta que he llamado “Cine en casa“. Para empezar su construcción se necesitaban elementos bastante fáciles de conseguir, como unas tijeras, un rollo de papel de máquina registradora (en su defecto tiras de papel cortadas y pegadas) además de un tubito del mítico pegamento tan útil para pegar como para esnifar.

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Una vez dispuestos estos elementos sobre la mesa se procedía a localizar un cartón, en casa siempre había cajas de cartón para usar, vaciando y escondiendo su contenido en el fondo de cualquier cajón lo que me ahorraba tener que juntar unas pesetas para comprar una cartulina lo que tuiera la consistencia necesaria.

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Desmontada la caja se extendía y se dibujada sobre la pieza más grande el desarrollo de lo que sería el cuerpo del “reproductor”. Las cien primeras veces que se hacía el dibujo a mano alzada (o a regla) no permitía poder encajar el cubo para poder pegarlo.

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Se recortaba con cuidado y se dibujaba la pantalla para recortarla con cuidado y paciencia (que nunca había). A ambos lados del recorte de la pantalla de hacían dos ranuras con un cuchillo, esto sería todo lo necesario para tener preparado este “Cine en casa”.

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Una vez encajado y pegado todo al estilo “como salga” venía el trabajo de producción de contenidos.

Era lo más laborioso pero sin duda lo más divertido, consistía en dibujar la “película virgen” en folios y si se disponía de presupuesto hacer fotocopias a mogollón. Sobre estas plantillas se dibujarían las escenas a “emitir”.

Estas plantilla y las toscas animaciones que es son auténticos originales usados en aquel “Cine en casa” y aparecieron mientras buscaba otra cosa en una baúl de trastos y papelotes.

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La idea era poder dibujar todo aquello que o bien no nos dejaban ber en la tele y en el cine o historias propias de guerra, superhéroes, de ciencia ficción y seguramente hasta alguna teta.

Se acabaría eso de que me mandaran a la cama cuando iba a empezar la peli de “La Clave“, sería el fin de los dos rombos

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Otro contenido usable era el de las libretas dibujadas con cómics completos (se que tengo una en algún sitio y se que la encontraré)

Este juguete no estaba al alcance de todos, así que en más de una ocasión recibí “encargos” de amigotes que me pasaban un guión en un tocho de hojas para que se lo dibujara (como se puede comprobar la peticiones de colaboración altruista se remontan a tiempos remotos)

Una vez tenía “pelis” suficientes para empezar a disfrutar de mi “Cine en casa” recortaba los trozos y los pegaba sobre el rollo de cinta, el funcionamiento del aparato ya te lo puedes imaginar…

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Fabricando juguetes IV

La madera era uno de los materiales más comunes a la hora de fabricar juguetes. ¿Cuantas sierras de marquetería habremos roto?

Para construir el Pinball (máquina de bolas) se necesitaba, además de una canica gorda o una bola de acero, dos pinzas de la ropa, una tabla buena y un puñado de clavos.

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Otro elemento que nos dio más de una alegría por la cantidad de usos posibles (sobre todo para disparar) fueron las gomas, gomillas y gomones, para la maquinita se necesitaba un buen puñado de elásticos.

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Había que hacerse también con unas cuantas tapas de tarros, no había problema en acudir a la despensa y dejar varios envases sin tapa sin pararme ni un segundo a pensar en su contenido.

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Para empezar había que marcar con un rotulador o un lápiz todos los carriles y sitios de rebotar que queríamos para nuestra tabla recreativa, por lo general se intentaba emular (con resultado patético) a las que ponían en los bares.

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Martillo o elemento golpeante sustitutivo en mano se claveteaba el dibujo y se pegaban las tapas a la plantilla, engomándolo todo y dando varias vueltas a las gomas para dejarlas lo más tensadas que se pudiera y ya empezábamos a probar la inclinación con la bola.

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Por lo general imaginábamos un diseño cañero para pintarlo, incluso se planeaban mecanismos eléctricos o electrónicos y resortes mecánicos increíbles pero al final acabábamos dándole tres brochazos a témpera en plan “aquí te pillo aquí te juego” y procedíamos a usarlo.

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Su funcionamiento era completamente manual, así que la potencia de las pinzas engomadas rara vez llevaba la bola más allá de medio tablero y teníamos que ir contabilizando los puntos obtenidos de memoria, pero daba completamente lo mismo. Tener una máquina a la que no había que “echarle” monedas ya de por sí era un triunfo absoluto.

Tardábamos horas en montarlo y minutos en aburrirnos de jugar, pero volvíamos al poco tiempo y empezábamos uno nuevo, siempre creyendo que podíamos montar la máquina perfecta.

Llegué a ver verdaderas virguerías. Auténticos intentos dignos, réplicas de las que conocíamos, con patas, marcador de luces, dibujos bien hechos, laberintos y lámparas que como era de esperar funcionaban como el culo y a la de tres meneos se desmontaban para acabar convertidas en una divertida hoguera.

No había fracaso que no pudiera alegrar una gran fogata improvisada.

Ver otras entregas de “Fabricando juguetes”

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Fabricando juguetes III

Esto tampoco se considera como fabricación directa de juguete, pero era un juego clásico.

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El juego de la guerra de espigas se repetía una y otra vez a la salida del colegio ya que recuerdo que los dardos naturales que eran estas espigas crecían en grandes cantidades por las inmediaciones del cole. Había que recolectar las espigas y partirlas en piezas suficientes para poder lanzar grandes cantidades al tiempo.

espigas-chiqui.jpg Pargañas, furasacos, apegaderas, lapas... nos daba lo mismo como se llamaran, eran malas yerbas pero muy buenas para su lanzamiento ya que se pegaban con fuerza sobre todo tipo de tejido, sobre el cabello de cualquier víctima móvil o inmóvil incluso se adherían en la piel y tenía su rollo desprenderlas una vez clavadas.

Cuando ya nos habíamos dardeado a placer entre nosotros iniciábamos la obligada ofensiva multitudinaria contra las niñas que lejos de ofrecer resistencia eran un blanco fácil, divertido y en contínuo movimiento porque ya se sabe, los que se pelean…

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Próximas entregas:

-PinBall
-Cine en casa


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Fabricando juguetes II

La granada “de rosca”

Este “juguete” tiene menos de construcción y más de pericia en su montaje, para armarlo se necesitaba simplemente un par de tornillos iguales y una tuerca de la rosca correspondiente, cuanto más gordo sea todo esto mucho mejor, como comprobarás enseguida.

Los petardos comerciales y explosivos caseros fabricados con todo tipo de productos de farmacia y droguería ejercían un efecto hipnótico en todos los chavales de todos los barrios del país, pero este era un “juguete” explosivo, realmente peligroso.

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Ahora había que buscar unas cajas de cerillas, fosforos (o “mistos” como las llaman por aquí abajo). Las mejores cerillas para fabricar la granada de rosca eran unas que hace mucho tiempo no veo.

Aquellas cerillas eran de cabeza blanca y venían en pequeñas cajas, su palillo era de papel enrollado e impregnado en cera por lo que se podían desprender las cabezas simplemente girando su cabeza. La cajita tenía un rascador para encenderlas al estilo papel de lija.

he encontrado otras similares pero ya con la cabeza roja y el papel blanco y más similares a las “de cocina” que para la granada tornillera no sirven.

Commentario de Nicoletto (Gracias):

“Las cerillas blancas ya no se comercializan en europa porque están prohibidas ya que no son de seguridad, arden al rozar contra cualquier superficie sólida (como con la suela de las botas en las pelis de vaqueros). En EEUU se siguen vendiendo, pero en españa sólo vais a encontrar las rojitas ( de seguridad).

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Para montar y añadir la carga a las granadas bastaba con enroscar la tuerca a uno de los tornillos procurando dejar espacio para añadir las cabezas de cerilla y rosca suficiente para enroscar el segundo tornillo sobre ellas.

Aquí tienes los planos secretos que aún conservo:

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El siguiente paso era el más delicado, se trataba de, con nervios de acero, ir apretando los tornillos hasta conseguir llegar al límite de presión suficiente para comprimir las cabezas de cerillas sin que estas se encendieran.

Si esto sucedía casi nunca explotaba, simplemente soltaba un humeante llamarazo con su ¡Ffffffffffffffhssss! correspondiente, pero algunas veces se producía deflagración por lo que todos nos poníamos muy serios y concentrados cuando llegábamos a este paso.

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Una vez conseguido su punto exacto de montaje, todo estaba preparado para su lanzamiento , que podía hacerse contra una pared, lanzamiento para descerebrados porque al chocar contra ella la explosión despedía siempre uno de los tornillos podía agujerearte el cráneo, salían disparados a velocidades increíbles.

Lo habitual era lanzarlo hacia arriba lo más fuerte posible para tener el tiempo suficiente de alejarse corriendo a la voz de ¡GRANADA! …y si aquello caía en posición vertical el tornillo salía disparado hacia arriba.

Lo divertido era correr sin mirar hacia arriba por si lo hacías en dirección equivocada y te caía en los morros.

A mayor tamaño de los tornillos más capacidad de carga de cerillas y por lo tanto más gorda la explosión, como era natural se experimentamos con todo tipo de variantes como hacerlos explotar poniendo los tornillos verticales en el suelo para arrojarles un piedro o enlazando tornillos sin cabeza para poder unirlos con siete tuercas bien cargadas de cerillas.

El problema era que tras varios lanzamientos se deformaban bastante y había que ir mendigando por los talleres mecánicos para conseguir tornillería de repuesto, ya que la caja de herramientas de casa ya había sido saqueda tantas veces que ahora estaba adornada con un candado de los gordos.

Próximas enregas:

-Dardos naturales
-PinBall
-Cine en casa

dame un Euro “suprimo” “surmano”…