junio 17th, 2012

Es lo que tiene Tonter, que gracias a un amigo desconocido puedes encontrar pistas sobre cosas, esta vez ha sido gracias a José Rivero.
Cada vez que encuentro una movida de estas me planteo el mismo dilema, dejarlo correr, avisar al jeta, reseñarlo, quejarme o hacerme el distraído, porque los debates siempre son los mismos y se me antojan trillados, y hasta cierto punto guerras perdidas.
Ya no es una cuestión de dinero, es lo de siempre: educación, vergüenza, respeto, relaciones profesionales entre profesionales que dicen serlo.
No es la primera vez que un medio (de todo pelaje y color) publica una viñeta sin enviar ni un triste correo para preguntar, pedir o comunicar y pasándose por el forro la licencia.
En esta ocasión la publicación “Hildebrandt en sus trece“, dirigida por César Hildebrandt hace uso de una viñeta sin tan siquiera plantearse enviar un triste correo de cortesía.
Este semanario peruano nacido en 2010 sale los viernes en papel, en Lima y provincias. El semanario tiene además una versión digital, pero el acceso es también de pago.
Todo su contenido está bajo Copyright, pero el que encuentran en internet es suyo, “porque estaba en internet“. Así es el nuevo periodismo cateto digital, las licencias Creative Commons son bobadas para tontos, deben pensar.
Sus lectores pueden interpretar que soy colaborador de este semanario, incluso que su director tiene mis simpatías , que comemos paella juntos cada domingo, y que por ello les cedo los derechos de reproducción de mi trabajo.

Pero como no es así, y la revista no se ha dignado a ponerse en contacto conmigo, no me considero obligado a debatir nada con ellos, salvo dejar constancia pública de que me parecen unos vulgares caraduras y unos cutres. Además, como muestra de que no hay rencor, les regalo un par de enlaces.
Entiendo los errores, puedo entender el malentendido por desconocimiento, contesto a toda petición de uso, incluso cuando no es necesaria, colaboro todo lo que puedo en publicaciones de todo tipo si la relación es buena, puedo y quiero hacerlo, pero eso siempre lo decido yo.
No entiendo a esos periodistas “estrella” que se apropian de contenidos ajenos para sus medios hasta el punto de sentenciar que pueden hacer uso comercial de los mismos sin contar con el visto bueno su autor.
Estas acciones no suelen ser inocentes.









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