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Carita de gitano con SIDA

Es el primer tebeo que he comprado este año, “Carita de gitano con sida“, de Juarma. Y lo he pagado con ese gusto del que se rasca el culo a sabiendas  de que sería un recordar fanzines, un atragantarse de humor negro de muchos  colores.

Editado guapo por UltraRRadio  a 21×30 cms y con todas las hojas bien pegadas y cosidas a lo rústico, como Buda manda.Prólogo de Jordi Costa,  solapeo breve de Davín y maquetado por Puño, otro artistón del ilustreo.

   Cuando se pilla algo como esto  hay que hacer una reseña, así me lo enseñaron ya desde la guardería.

Y es que tener los cojones de tirarse al papel con lo que hace Juarma, entre tanto buenismo comiquero lacio, lo merece doblemente.

Son 64 páginas dibujadas casi hasta el borde sin tregua, ni concesiones a los papanatismos de la corrección,  una sucesión de salvas de cuadrulos autoconclusivos, historietas cortas y otras paranoias a una o dos páginas que se lee tan fácil  como una maratón de chupitos gratis.

Rumanos, gitanos, yonkis, gafapastas, tetas, litronas, guardias civíles, seres de internet, curas, niños,  pollas y más tetas, sangre y muerte, cuando termino de leerlo me pregunto si hay algo o alguien que no aparezca en este tebeo.

Lo único que echo en falta es algún un aviso para epilépticos como en los juegos de las consolas, hay historias que amontonan las ideas, entre millones de trazos y colores. Es humor de psicodelia en sesión contínua, menos mal que entre cada horda colorista apaceren páginas  a dos tintas que tranquilizan la lectura y alivian la hipertensión.

Juarma le mete mano a todo  y cuando cierro este gitano tengo esa sensación extraña de que me ha vuelto a recordar como somos, sin rodeos.

Al López ya se le nota que internet se le ha instalado definitivamente en el chabolo, porque hay varias historietas y viñetas sueltas que le pegan un buen repaso con patada y bofetada al tontismo dospuntocero.

No faltan las tiras de Eusebio el Clenchillas, el tebeo es  filosófico a veces, incluso tierno si sabes leerlo y huérfano callejero a ratos, repasa personajes clásicos sin olvidarse de esos feos anónimos que somos la mayoría.

Veredicto final: ocio puro,  presentado en crudo.Una pieza costumbrista para colección.

Al final he decidido guardarlo  en el botiquín como manual contra la estupidez.

Me vendrá muy  bien volver a leerlo como terapia para esos días en los que me levanto muy serio y tieso, como si me hubieran metido un lápiz grande por el culo, esos días en que nos olvidamos que deberíamos dibujar para divertirnos.

 

 

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