Golpe de estado

Martes, septiembre 27th, 2011

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Ya llevamos unas horas escuchando y leyendo sobre el bananismo del consejo de administración de RTVE que aprobaba ayer que sus miembros tuvieran acceso al contenido de los informativos antes de su emisión.
La lumbrera de esta propuesta fue Rosario López Miralles, consejera del PP y los otros tres representantes del PP votaron a favor.
El representante de CiU también votó a favor y los consejeros del PSOE, CCOO y ERC se abstuvieron. Los dos votos en contra fueron de Teresa Aranguren Amézola (IU-ICV) y Santos Miguel Ruesga (UGT).
Resulta pestilente el rosario de desmentidos y reculamientas con demagogia de esos que se abstuvieron. Otros se autodenominan sabios minutos después bananear en un intento torpe de no seguir con el culo al aire.
La abstención en estos casos es un silencio cómplice, la callada cobarde y distraída “por si cuela”.
Pero más hipócrita me resulta que todos esos que se desgañitan destacando la importancia del voto cuando hay que votar sean los mismos que se abstienen en temas sensibles. Como siempre dando el contraejemplo.
Una vez más, me quedo con la intención. Aquí están las caras de todos ellos. Los trabajadores de RTVE ya han acordado pedir la dimisión de los consejeros.
Ayer participé en una charla/podcast con compañeros dibujeros, y como es tradición salieron los temas de la censura, autocensura y los vericuetos de las líneas editoriales por las que tiene que moverse cualquier persona implicada en la creación de contenidos informativos, o de opinión, en los medios.
Es un tema que ya cansa, tras haberlo debatido y requetecontradebatido durante años sentencio sin rubor que, a la pregunta de si existe censura en los medios, en general, la respuesta es sí. Y no solo eso, donde no está a la vista existe la intencionalidad más que evidente de aplicarla o ampliarla. En el asunto RTVA encima con bananismo, ya sin maquillarla.
A cuenta de este asunto algunos conocieron ayer esta palabra, muchos de ellos empezaron a montarse una película sobre este programa de producción de escaletas como si se tratara de una compleja maquinaria inventada hoy para el espionaje.
No es más que un software corriendo en la red del medio, un programa bastante simple, al que tienen acceso los rotulistas, realizadores, redactores, editores y otros, cada uno con determinados privilegios.
Y sí, cualquier persona, convenientemente autorizada, podría acceder a lo que se escribe en esta herramienta desde el ordenata de su casa, que es lo que parece pretendían hacer para bananear la información antes de su emisión.
Solo sería un paso tecnológico más para facilitar el trabajo del manipulador/censor, algo que ya se hacía con los rutinarios telefonazos de aviso del comisario político de turno.
Inews corriendo en el ordenador de una redacción. Clic para ampliar
Llámele como quiera, censura, previa o no, censura por turnos, manipulación por legislaturas, pero se practica, más o menos subliminal. Por lo que se dice, por cuándo se dice, cómo se dice, pero sobretodo, por lo que se calla.

Actualización 23/09/11:
Héctor Maravall (CCOO) presenta su dimisión del Consejo de RTVE:
http://extra.rtve.es/ccoo/comunicados/2011/Comunicado_crtve_014-11.pdf
Héctor Maravall opina en su blog.






“El apero” es la forma coloquial de denominar a la caseta para guardar los aperos de labranza.
Estas construcciones rurales están obligadas a cumplir una serie de especificaciones que suelen contemplarse en el PGOU (Plan General de Ordenación Urbana) de cada localidad aunque quién finalmente aprueba, o no, su construcción es el gobiermo autonómico.
España está llena de estas casetas, que en adelante llamaré apero, lo que en principio podemos imaginar como un cuartucho para guardar cuatro trastos, como unos sacos y una pala se han convertido, por tradición “consentida”, en viviendas habitables llegando algunas a la categoría de mansiones con piscina.

Según algunos datos de 2008, para empezar a pensar, en la comarca de la Axarquía (Málaga) se estimaba que alrededor de 21.000 viviendas ilegales se habían construído por el método del “apero” en los últimos 20 años, estas cifras son superadas de largo en otras zonas urbanizando grandes extensiones de suelo rústico no urbanizable sin protección y creando un paisaje cuando menos curioso.
He pasado este fin de semana en un apero, pero no en uno de esos “enriquecidos” convertido en vivienda con apariencia de villa señorial. Toda carencia estaba justificada por la compañía de los amigos.
La primera sensación, pasada una hora, es de desconexión natural, que aunque no es total, transforma cualquier rutina habitual es un sucedáneo cutre. No hay luz en “tarifa plana” , ni teléfono fijo, ni ADSL, no llega el correo postal, ni el camión del butano, los contenedores de basura están en el quinto carajo y nada de televisión…cojonudo.
Un nuevo mecanismo se dispara, que no me falte esto y lo otro, hay que comprar aquello, racionar lo otro. La primera preocupación es el inventario de viveres y vicios varios para viajar al pueblo más cercano y reponerlo.
Ya de vuelta, y en apenas dos horas recibes la llamada silenciosa de la selva que te obliga a apagar el teléfono olvidándote del gallinero de internet y toda discusión sobre asuntos internacionales se reduce a lo que sucede en un par de hectáreas al raso y 25 metros bajo techo compartido con algunos animales domésticos de plantilla y otros de visita interesada.

Sin instalación eléctrica al uso, sus moradores habituales, humildes ciudadanos, solo encienden la luz que obtienen de un ruidoso generador de gasoil, durante unas horas al día para poder cocinar de noche y alguna que otra actividad de primera necesidad que requiere poder ver lo que se manipula.
Los alimentos se conservan en una caseta de metal que encierra una nevera alimentada a butano. Antes de la llegada del mediodía te sorprendes liado con cualquier actividad inesperada.

Un montón de cosas que consideramos importantes pasan a ser gilipolleces, y viceversa. Enseguida terminas mimetizado con el decorado, andando descalzo y viendo normal mear entre el follaje si te pilla desplazado por la finca. Resulta sorprendente la influencia que ejerce el entorno para el asilvestramiento.
Volver a comerse un tomate de verdad o plantearte hacer una incursión al huerto de un vecino para hurtar dos limones que huelen y saben a limón son alguna de las miles de cosas que se te van ocurriendo, en el apero el tiempo se vuelve denso. Como si de cada dos horas que pasan, una se empeñara en retrasarse.
Tras comer y beber y una sesión de sobremesa reconfortantemente eterna, la actividad principal pasa a ser la comunicación, los que no sucumben al ataque de la modorra, divagan sobre cualquier cosa.
Se proponen soluciones para el avituallamiento o mejoras en la habitabilidad de apero, el tiempo de hoy comparado con el de ayer, la niebla aquella, comparar las casas que inundan el nuevo salvapantallas natural que se abre frente a la mesa, de un sendero que se ve allá a lo lejos puede salir una charla de una hora.
La creatividad se oxigena hasta alcanzar sus máximos.
Mil cosas que hace apenas unas horas eran absolutamente nada, ahora son el orden del día para el debate urgente, debate del estado del apero.

Otra de las cosas que notas enseguida, es que vivir en un apero es un verdadero experimento sociológico y no aquella basura de concurso del chalezaco de Guadalix. Aquí el roce es verdadero, tanto por espacio como por necesidad y descubres que puedes pasar unos días tranquilos y curativos o infernales dependiendo de con quién debas compartirlos.
A medida que va anocheciendo, puedes pensar que estás más expuesto, que todo está abierto. Que una banda de ladrones criminales puede asaltar la propiedad y dejar a Charles Manson y su peña en ridículo, pero pronto te convences de que si no ves a nadie durante el día, muchos menos vas a ver durante la noche.
Aquí los únicos que atacan son los agentes meteorológicos, mosquitos, arañas y otros insectos que nunca ves pero que te dejan una marca de cortesía en cualquier parte del cuerpo.

La cena es el inicio de la sesión de contemplación de estrellas con la banda sonora del ruido de fondo del cohete de alguna verbena mezclado con el eco de la música de una fiesta diecisiete fanegas más allá, parece que la noche amenaza con fiesta larga.
Pero no, el campo te agota, hagas algo o no, es casi imposible trasnochar.
El atracón en sesión continua y un par de copas y risas escuchando cualquier emisora de radio, que tenga solo música, en un transistor que suena a cascajo bastan para que la madrugada termine pronto. Los colonos del apero van cayendo en sus tiendas, sacos, sillones plegables o cualquier cuadrulo de dormir.

Si no tiene un amigo con apero, busque algo que se le parezca y ocúpelo de vez en cuando durante unos días, es una buena lección para aprender a relativizar esos problemas y posesiones absurdas por las que peleamos, la mayoría de veces, como idiotas.
Y desde hoy, soy defensor del aperismo.



Como ya veía venir, el día no da para mucho más.
La rutina de lo diario está limitando mi paso por aquí para escribir o dibujar algo a una o dos veces por semana, como mucho.
Y como el caché no da para liar invitar a dibujeros blogópatas de relumbrón a que llenen esto con su trabajo mientras me rasco la barriga, anuncio un recorte de la periodicidad en el fururku.
Pero esto no es malo, estar ocupado es casi una bendición, además me ha ayudado a coleccionar algunos tochos en el trastero de los borradores que voy puliendo a ratos.
En fin, que hay que trabajar muy duro para calmar a los mercados y puedan tener su medicación cada ocho horas.