agosto 9th, 2010

Los teleoperadores parecen querer salir del armario del acoso, pero no terminan de decidirse.
Se cabrean de que nos cabreemos. Se sienten indignados cuando reciben insultos y piden respeto, pero siguen arruinando siestas, bien de interés cultural de este país, con sus contínuas llamadas de spam. Porque se basan en el más puro spam, para camelar a 40 putean a 40 millones.
Lejos de admitir abiertamente sus abusos y persecuciones, por muy obligados que digan estar, han empezado a expresarse anónimamente en internet como si de sicarios se tratara, mostrándose casi como víctimas de la sociedad consumista. El miedo al despido y “es lo que nos ordenan” son los argumentos más repetidos, lo de siempre.
Si quieren parecer mejores profesionales personas y de paso hacer algo por dignificar su profesión podrían crear un Wikileaks con la lista de prácticas mierdosas de esas empresas para las que trabajaron o trabajan y ya puestos que se publicaran las pruebas de sus chanchullos y negocios con nuestros datos personales.
Y luego ponerle remedio.









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