
Sobre mi mesa siempre me han estado estas piezas de mármol (la esfera se perdió en una mudanza) que me regaló un chaval al que ayudaba a aprender a dibujar, era una época en la que tenía menos dinero que el que se está bañando y alquilaba mi tiempo como clases particulares, vivía en una casa grande en la que acabé montando un estudio en el salón, la habitación más grande y luminosa.
Durante ese tiempo conocí a gente que necesitaba aprender a dibujar edificaciones y calles del natural para superar un examen de acceso de arquitectura, personas que sentían fascinación por el dibujo y buscaban aprender para hacerlo por placer, gente que se obstinaba e insistía en creer que pintar y dibujar eran dos cosas diferentes, otros que creían que el dibujo artístico y el cómic o el humor gráfico no tenían nada que ver con las bases del dibujo “tradicional”.
Toda una serie de personas con distintas percepciones del dibujo que me obligaron a crear pequeños manuales propios adaptados y a tirar de otros muchos ajenos.
Casi todos coincidían en algo, se soprendían de tener que enfrentarse a tantos mundos en muchos casos desconocidos, y para ellos no relacionados con el dibujo, curiosidades para “falsear” la física, la geometría o la perspectiva en su versión más matemática para acabar haciendo mediciones por comparación con un simple lápiz sobre la propia realidad.
Y así empezaban a resistirse reclamado trucos, atajos, pócimas mágicas…
Si bien cada persona tiene sus limitaciones y/o cualidades era de los que pensaba que todos podrían acabar encontrando la forma de educar la mano y la vista para moverse cómodos con un lápiz, bastaba el entusiamo.
Hoy me llamó la atención el título de un post de un fururku al que ando suscrito y que admito que no leo siempre porque escribe sobre asuntos muy cotidianos y no es una temática que me enganche demasiado, pero este amigo ha empezado las clases en la Escuela Superior de Dibujo Profesional (ESDIP). Era algo que venía planeando hacer desde hace tiempo y por fin se ha decidido, probablemente acabe escribiendo cómo le va en el curso.
De su primer día entre tras cosas puede leerse:
“Tras repartirnos el material comentado y unos folios, nos pidió que dibujáramos un personaje humanoide, es decir, con cierta semejanza con un humano. Antropomórfico, vamos. Nos dio 25 minutos y nos pusimos a la tarea. El nivel es bastante alto, por cierto. Tras esos minutos, nos estuvo contando el tema de la construcción, es decir, abocetar usando cajas, cilindros y esferas. Es algo que viene en todos los libros que he leído tipo “Aprende a dibujar <X>”, así que yo ya me lo sabía. Pero no por eso supe hacerlo mejor que los demás :S”
Espero que continúe escribiendo sobre lo que va aprendiendo en esas clases, resulta muy útil conocer las reacciones y opiniones de las personas que practican el dibujo, porque a dibujar sólo se aprende dibujando pero se descubren reflexiones y reacciones a determinados problemas muy interesantes.
No recuerdo desde cuando, pero así veo las ciudades, así soy capaz de verlo todo:

Y no son simples “cajas”, esferas y cilindros, no es un concepto teórico más, es una forma de mirar, pero sobre todo de ver.
La anatomía humana o animal, las construcciones, el agua o las nubes…todo puede descomponerse y componerse con esa inmensa paleta de polígonos irregulares, óvalos, elipses, circunferencias y demás figuras resultantes de esas tres piezas básicas, conseguir adaptarlas a volúmenes y conceptos espaciales y vestirlas de texturas, luces y sombras…es dibujar.
(Entre otras muchas otras cosas)