Julio 6th, 2009

Durante la tarde/noche de ayer no fueron pocos los que estuvieron siguiendo en directo el aterrizaje, que no llegó a producirse, del avión de Zelaya en el aeropuerto de Tegucigalpa.
Era una sensación bastante extraña pero sobre todo jodidamente tensa porque se podía escuchar tanto la torre de control como las comunicaciones de los pasajeros del avión con Marcela, la gritona de Telesur que está que no se pierde una.
En tierra el ejército y la policía desplegaba toda su maquinaria bélica intimidatoria y una gran cantidad de milicos se acomodaban en posturas de guerra. Un ambiente de mal rollo bastante serio, un pulso desigual.
Además de negarle el permiso para aterrizar llegaron a amenazar con “interceptar” el avión si no se marchaban por donde habian venido. El duelo del vuelo con tintes de peli del Oeste pero afortunadamente sin tiros.
Me recordó mucho a aquellas guerras del golfo televisadas casi al minuto, pero aquí no estaba la CNN. También recordé la cámara en directo con los combardeos sobre Gaza con aquellos inquietantes cantos del gallo entre el sonido de las explosiones de madrugada, es increíble que medio mundo pueda asistir cómodamente y desde casa en directo al tira y afloja pero que los hondureños no pudieran ver esas imágenes.
Al final Zelaya tuvo que dar media vuelta y aterrizar en Nicaragua porque los carromatos de los golpistas quedaron aparcados en “doble pista” con toda la mala leche del mundo.
Muy pronto será tan natural asistir en streaming de video y audio (con Twiter por supuesto) a este tipo de sucesos, que aunque se produzcan en la esquina de nuestra calle ni nos asomaremos por la ventana.







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