junio 15th, 2009

En la navidad del 2007 colocaron unos altavoces en mi calle para poner villancicos y animar a los paseantes a comprar en el comercio local, en aquella ocasión al ser horario laboral con todo el bullicio de una calle peatonal tampoco molestaban tanto y aunque eran muy cansinos tampoco hay que quejarse de todo, al fin y al cabo la cultura del ruido invasivo aquí es una tradición a la que ya estamos acostumbrados.
Pero el domingo han usado esos mismos altavoces-megáfono para algo muy diferente.
Sobre las siete de la tarde cuando intentábamos ver una peli en casa, los jodidos altavoces (auténticos aparatos de megafonía) empezaron a sonar a todo volumen, pero lo increíble es que lo que sonaba eran cánticos religiosos (ver video 1) y toda la artillería sonora de evangelización de una procesión, rosarios padresnuestros y avesmarías incluídos (ver video 2)
Al asomarse no se veía procesión alguna lo que indicaba que la estaban retransmitiendo antes de que llegara, continuaron sonando los rezos y las canciones de curas hasta que pasó por una calle situada a unos 20 metros de donde nos encontramos (ver video 3), pasó y se alejó pero los altavoces siguieron retransmitiendo la tortura en directo (ver video 4) con esos altavoces que están instalados bien cerca de las ventanas.
Nunca he sido activista contra la celebración de ningún acto religioso, pero hoy me han entrado ganas de pillar un megáfono y salir detrás para soltarles un rollo a gritos sobre el respeto a los que no queremos escuchar sus rezos a toda hostia en el interior de nuestra casa.
Queda claro que sigue quedando gente tan extremista que no entiende de barcos y que prefiere evangelizar por cojones durante más de una hora, quieras o no, hasta invadiendo tu espacio más privado si hace falta.
Dudo de que esto sea ni justo, ni lógico, ni normal, ni legal ni civilizado. Curiosa forma de interpretar el respeto, la fe y todo eso que pregonan.
El ruido era tal que lo único que quedaba (aparte de derribar los putos altavoces con un misil balcón-tierra) era llamar a la policía local para saber cuanto iba a durar la restransmisión y si podían al menos bajar un poco el volumen, así supimos que habían recibido más llamadas con quejas y que se daban por enterados, tras otros 20 minutos más del escandaloso spam religioso los megáfonos callaron.
Todo un homenaje a la contaminación acústica intrusiva, totalitaria, molesta y cateta.










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