marzo 10th, 2009

Hoy iba a teclear sobre el repunte alarmante de los ombligos por encima del contenido sincero y sin intereses comerciales camuflados de cosa personal, pero me voy a autocensurar.
Hoy pensaba hablar de todos esos tiesos de diferentes gremios ajenos al medio que dedican la mayoría de sus esfuerzos a ser los más brillantes comerciales de su propio nombre convertido en SL y a reclamar la importancia de su persona en esto del conocimiento metafísico del internet.
Hoy iba a hablar sobre todos esos que se acaban creyendo eso de:
“Soy famoso porque salgo en la tele , salgo en la tele porque soy famoso”
Pero no quiero mostrar mi lado más canalla para no tener que penar por aludidos.
Tampoco citaré a esos que, en la sombra, mendigan desesperados sus 15 minutos de fama y autoridad periódica, muy necesaria para mantener viva a su prole de aduladores, haciéndose los sorprendidos de verse citados en un breve en un diario que ni ellos mismos leen ni compran.
Hay que ser discreto y dejarse llevar distraídamente por la corriente del buenrollismo de las reglas no escritas, ese pacto invisible de silencio preventivo del que echamos mano cuando tenemos un ataque de sinceridad para que se nos pase enseguida.
Pero usted no se prive.










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