Noviembre 16th, 2008
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Imagine que alguien se come su cerebro y luego lo defeca, ya sabe en lo que su masa gris se habrá convertido.
A estas alturas ya casi no quedan frases feas para calificar los últimos contenidos excretados y por desalojar que genera Telecinco.
No tengo reparos en confesar que fui uno de los espectadores de los primeros minutos de la entrevista a Luis Roldán hecha por una de las marujas estrella de la cadena.
Puede que no tenga salvación pero en el fondo albergaba un resquicio de esperanza de que tenían al menos un cartucho oculto para que el interrogatorio no fuera lo que en definitiva fue, un esperpento.
Las entrevistas a determinadas personas tienen interés en la medida de que pueden llegar a ser un documento de valor acerca de un suceso o pasaje de la historia pero con Roldán esto no ha sucedido, en este caso la cinta pasará al museo de las chapuzas en los universos para lelos.
La entrevistadora de los Campos rancios, completamente desinformada y desinformando hizo un debate de mesa camilla con absurdas y contínuas interrupciones fuera de todo hilo, apostillando chorradas con insistencia y tomando partido con su particular estilo de fiscal de mercadillo.

Sin audiencia, seguro se replantearían la estrategia, pero visto lo visto y analizando la involución de los contenidos del circo de Vasile esto incluso podría provocar que pusieran en práctica ideas aún más pestosas, que sí, que ellos pueden.
Su mierda es tuya, la deseas. En esto se apoyan y les funciona.
Muchos creen que todo movimientro que recomiende apagar la tele o desintonizar un determinado canal está haciendo engordar el globo de la publicidad gratuita a la siguiente entrevista al ladrón de la lista.
Seguro que tanto si calla como si no, igualmente le van a incluir en su balance de audiencias como un espectador más de su basura. Pero al menos habrá servido para la reflexión.
Recuerdo la época cuando los frikis de la tele eran verdaderamente frikis, personajes que campaban por los programas nocturnos y no tanto y todos sabíamos que era un espectáculo de entretenimiento.
Ahora esos frikis son auténticos catetos, cantarines venidos a menos, contertulios de fabricación propia, sectarios y gabineteros de prensas políticas, gritones y chillonas, grandes hermanos y primos que simulan ser informadores, pero son también algunos periodistas que admiten el fango como modo de vida
Pero lo peor no es eso, todos estos fantasmas hacen una furiosa defensa de su profesión inventada incluso gritando ofendidos a la pantalla cuando a sus rollos rosas se les llama por su verdadero nombre. Mierda.
No encuentro otra palabra que lo defina mejor.
Cuando admitan que lo que hacen es lo que es, practicaré esa tolerancia al zurullo que proclaman algunos.
Recuerde, puede seguir convertiendo su cerebro en más mierda para la exposición pública, aunque si carece del mismo o lo usa sólo un par de minutos al año… ¡enhorabuena!, está mejorando. Porque ya ha invertido tres valiosos minutos extra en leer esto.
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