octubre 17th, 2008

Hace mucho tiempo que no tengo que asistir a ningún acto petardo, espero que nunca jamás, donde lo que manda es el protocolo y las personas son objetos con limitaciones impuestas por leyes no escritas o adornos con uniforme.
Hoy casi todos los medios han sacado a relucir su “Sofiísmo” rancio para contarnos que la reina se ha acercado a una ciudadana que le gritaba durante uno de esos actos : ¡Alteza!,¡Alteza! ¡Una madre angustiada que le llama! para pillar una carta con un cd que le quería entregar.
Y ella se acercó, y lo hizo personalmente, en persona, toda ella, a encaje descubierto.
Puedo entender que alguien haga lo que sea para proteger a los suyos por eso no opinaré ni sobre la acción de la mujer que reclamaba a Superpeineta a gritos, ni sobre el caso de su hijo ya que no he leído lo suficiente pero sí recuerdo haberme cruzado con llamadas de atención sobre este asunto. Admito que no entiendo nada de procesos de enjuiciamiento militar.
Lo que me parece completamente medieval es que algo tan normal y cotidiano como entregarle una carta a alguien se haya convertido en un pasteloso titular como este y se tengan que leer opiniones alabando el gesto de “cercanía con el pueblo” de la heroína de la peineta.
Los militares tienen sus propias leyes y los reyes tienen las nuestras pero maqueadas a su interés para proteger y alimentar sus privilegios y sobretodo su economía.
Por eso cuando veo teatros como este es cuando más me convenzo de que no todos los ciudadanos somos iguales, tendremos que estar ante alguien “por encima” que pueda negar o autorizar que lo parezcamos.
Los asistentes al acto ovacionaron con aplausos agradecidos la movida de la entrega de la carta como el que contempla un milagro espontáneo, el breve palmeo del vasallaje también fue acompañado de algunos gritos de alabanza a la heroína postal para hacer más espectacular el salto de Superpeineta.
Los medios corrieron a entrevistar a la audaz ciudadana que había osado “romper” la seguridad provocando que la reina “se saltara” el protocolo para engorde de su campechanía real y regocijo de grandes y pequeños.
Nadie podrá nunca comprobar si los medios hubieran hablado hoy del caso del cabo Jorge Miguel Gago y de su madre Ángeles Chao, la ciudadana que fue tocada por la mano de Superpeineta en octubre del glorioso año de 2008.
Info relacionada sobre el caso Gago:
Página de la plataforma de solidaridad con Gago
Concentración de apoyo al cabo Gago

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