septiembre 13th, 2008

Hoy en una de esas reuniones de terrazeo veraniego con los amigos ha salido la conversación típica de pureta cebolleta de ¿te acuerdas de? esto siempre para descubrir o rememorar curiosidades que, aunque parezca increíble, no puedes documentar ni probar buscándolas en Google, otras siguen siendo auténticos misterios engordados a base del boca a boca amplificados en recuerdos confusos cruzados entre varias generaciones.
En cualquier caso los recuerdos de la gente suelen ser una fuente inagotable de historias tan simples como curiosas.
Muchas de ellas son inquietantes leyendas, algunas relacionadas con el tabaco y con su envoltorio como aquella de ” las pestañas de los paquetes de tabaco”
Ser pobre de niño no importa demasiado ya que cualquier historia mágica que incluyera un tesoro escondido bastaba para soñar que ibas a ser capaz de encontrarlo y a pasar automáticamente a ser alguien muy rico además de un héroe.
Por aquella época ya conocía a algunos niños que reunían los plásticos que envuelven los paquetes de tabaco, otros acumulaban los papelitos plateados que cubrían los cigarrillos de según que marcas porque alguien decía que lo pagaban, en algún lugar no concreto, a razón de potosí el kilo, pero siempre me pareció una trola.
Sin embargo cierto día empezó a escucharse en la calle que en las pestañas interiores de la tapa de las cajetillas duras de tabaco americano, sólo Winston y Marlboro, se encontraba un código (que nadie sabía descifrar) pero que era seguro, muy seguro,segurisimo, que si reunias cierta cantidad astronómica de ellas y las enviabas al fabricante recibías una recompensa en metálico también astronómica.

Nadie sabía la cantidad del premio con exactitud y como era lógico esta cifra engordaba gradualmente según la boca y el barrio donde se comentaba, pero en apenas unas semanas había legiones de niños a la búsqueda de estas etiquetas.
Jamás conocí a nadie que las hubiera enviado ni por supuesto que hubiera recibido contestación o dinero alguno por reunirlas, no había nadie a quién preguntarle si había algo de cierto en todo esto, tampoco importaba, la ilusión de conseguir aquella desorbitada cifra de “pestañas” ocultas con el misterioso código era suficiente motivación para invertir el tiempo que fuera necesario para conseguirlo y tiempo era de lo único de lo que andábamos sobrados.
Recuerdo las bolsas llenas de estos cartoncitos guardadas en casa y la cantidad de hipótesis descabelladas sobre su valor para la empresa fabricante y la de millones de billetes y de razones importantes que deberían tener para hacer un llamamiento mundial a la población infantil pidiendo su recolección y envío.
Hoy hemos desmontado un paquete de tabaco para intentar encontrar alguna pista y como era de esperar ya han eliminado el código secreto por el que tantos meses estuvimos preocupados e ilusionados.

¿Alguien recuerda haber buscado estas pestañas?
De esta charla de hoy en la terraza del bar han salido otras historias con leyenda, una de ellas me ha animado a indagar un poco para intentar confirmarla o desmentirla ya que tampoco he sido capaz de encontrar ninguna respuesta fiable en internet y creo que es una leyenda tan entrañable como divertida.
Confío en que sea posible poder acudir a la fuente original y si encuentro alguna respuesta la dejaré por aquí, será cuestión unos días.










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