Septiembre 7th, 2008
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Cuando se hace humor con la muerte de alguien siempre hay otro que se enfada, se indigna o se siente tocado en su fibra sensible pero si el choteo es sobre mi muerte la cosa cambia, aquí nadie puede reclamar nada.
Hay mucha gente que “apunta” a los niños a “Los muertos” nada más nacer, con lo que se suele estar pagando toda la vida “los muertos” y para cobrar la mensualidad aún sigue visitando las casas el hombre al que llaman “El de los muertos“.
Este hombre no es la parca disfrazada de aborigen del pueblo, se trata de un simple cobrador de la póliza mensual de deceso de la empresa aseguradora.
Además es curioso porque el hombre que visita la casa para cobrar “los muertos” parece el mismo aunque pasen 150 años.
-Riiinnngg
-¿Quiééén? (Léase bien gritado desde el patio hacia la puerta)
-¡Los muertos!
-Voy…
Y esta visita se repite cada mes, los que son casi adultos mentales se supone que han asumido que se tienen que morir y todo el rollo filosófico y existencial que lleva aparejado el acto de estirar la pata, pero que venga un señor con carterilla polipiel cada mes a recordartelo me parece una putada.
Hace unos días se inició una de esas estrañas conversaciones que nunca sabes de donde nace con el asunto de morirse como tema principal, todos empezaron a hablar de sus cajas y de los que pagaban por ellas, un tostón largo de esos que te acaba poniendo mal cuerpo.
Para intentar desviar un poco esa angustiosa y animada charla salí al paso para meter un poco de humor:
-Pues yo no he pagado nunca “los muertos”.
Se hizo un silencio muy raro, inquietante dirían los literatos del suspense, un familiar muy cercano, con el gesto de sorpresa del que ve un muerto sin caja dijo mirándome muy serio:
-Pues tienes un problema.
-¿Yo? ¿desde cuándo los muertos tienen problemas?
-Egoista insensible… soltó alguien sin atreverse a mirarme.
El silencio raro volvió y todos recuperaron el guión anterior para seguir hablando de las diferentes calidades de las cajas de pino con visor para poder observar el maquillaje final del fallecido, las coronas, los mármoles tallados, los nichos y sus precios.
No quise dejarlo ahí ya que pude notar que me empezaron a evitar como al tonto aspirante a loco.
-Cuando muera quiero que el ayuntamiento de mi pueblo se haga cargo de todo.
-Pueden hacerme un féretro con tablas de caja de fruta o cartones de lavadora para meter mis cenizas y que toque la banda municipal mientras la grúa de la policía local traslada mis restos hasta el crematorio que bien puede ser cualquier lugar del pueblo donde estén quemando rastrojos y así aprovechar la lumbre.
-Que me incineren rociándome con esencia de trementina que es mucho más artístico y que luego metan las cenizas en un tarro de cristal que cierre bien y se lo den a la persona que quiera tenerlo en su casa.
-El asunto de la iglesia, el cura y demás fiestas religiosas se las pueden ahorrar que no me interesaron nunca.
-Todo esto sale, como mucho, por unos 10 euros, los tengo, no hay problema.
-¿Aún siguen creyendo que tengo un problema?
Desde entonces evitan hablar de estos asuntos en mi presencia, algún beneficio tendría que tener esto del humor.




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