Agosto 16th, 2008


Se conoce que la mezcla de la sequía informativa de la prensa estadounidense unida a la asquerosa costumbre de determinados sectores yankis de erigirse en jueces del mundo han acabado por montar la polémica más absurda relacionada las olimpiadas.
Cuando el diario inglés The Guardian empezó a llamar racistas a los jugadores de la selección española y de rebote a los españoles por la tan traída y llevada foto del gesto de los ojos rasgados me pareció una completa chorrada digna de un plumillas con ganas de montar una polémica estéril, una provocación patatera y pasajera de verano.
Pero cuando Los Ángeles Times se sumó a relacionar racismo con el gesto de la selección española de baloncesto el rollo engordaba hasta el punto de pedir y conseguir que Gasol pidiera disculpas llegando a considerar la foto como una payasada.
Al poco, el periódico Wall Street Journal se hace también calamar para dejarse llevar por la corriente acusando de lo mismo a las jugadoras de la selección española de tenis.
El racismo está en los ojos del que mira.
El racismo está en los ojos hipócritas de los que ordenaron dejar caer sobre Japón las bombas con más toneladas de verguenza de la historia sin atreverse a mirarles a los ojos.
El racismo está en los ojos de los de la historia sucia, en los del Napalm que rasgaba ojos, cabezas, brazos y piernas.
El racismo está en los ojos de los mismos que visten de butaneros a los presos y los torturan en tierra extranjera entre perros rabiosos, escupiendo a los derechos humanos a espaldas del mundo con el beneplácito de sus socios de té y bombín.
Jueces mundiales que inventan delitos masivos, los ojos de los de las armas como cultura, los que se osbtinan en apretar las riendas del mundo con los dientes.
En los ojos de los que creen que el mundo empieza y acaba en en sus alambradas, muros y chinchetas que colorean sus mapas de ocupaciones totalitarias e intervencionistas.





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