
O lo que comunmente se llama radioaficionado, en realidad lo sigo siendo aunque sólo de forma sentimental.
Se puede decir que la familia de la radioafición se divide en cuatro tipos de radiakas:
Cebeistas o usuarios de los 27 Mhz y los poseedores de licencias C, B y A (aquellos caballeros Eco Charly y Eco Alfa que por entonces tuvieron que examinarse también de Morse)
No entraré en más detalles, ni en polémicas históricas sobre si los “del 27″ son o no radioafionados, para mí todos los son, para conocer todo el tinglado legal lee por aquí.
Me centraré en lo curioso y divertido de este mundillo. Era toda una proeza instalar una antena en tu edificio si los vecinos se oponían o si “hacias tele” (interferencias al emitir) y un eterno trasteo con antenas y emisoras (denomidado cacharreo en el argot) que podía acabar dándote sorpresas de quitar el hipo, como esta:

Imaginen la cara del recmitente, del cual elimino todo rasto de sus datos, al recibir una carta con una denuncia procedente de Italia en la que le advertían que podía caerle una multa de hasta un millón de pesetas, una cantidad más que importante para aquellas fechas.
Según recuerdo, me comentó que cuando inició los trámites para solucionarlo le dijeron que había “interferido” en las comunicaciones de un aeropuerto italiano, no se en quedaría el asunto. “Pa habernos matao”

Click para ampliar la notificación del miedo.
Pero todo no eran sustos, las posibilidades para la diversión eran inagotables, los cebeistas organizaban casi cada semana la tradicional “caza del zorro”

El zorro era un coche escondido con una emisora emitiendo a intervalos, un segundo coche en un lugar privilegiado hacía de “base” para escuchar al zorro e ir dándole paso y poder recibir a todos los participantes por si alguno se averiaba, accidentaba o se perdía por esos montes o barrios lejanos.
Los cazadores usando todo su ingenio y aparatos caza-zorros de fabricación casera debían encontrar el coche escondido mirando la señal del “radio” (señal que se medía de 1 a +5 , según claridad y volumen que se recibía) de sus “cacharras” , tras la caza se repartían los premios en caso de existir y todos a tomar unas cervezas. Así de simple.
Otra actividad lúdica cuando acababas un poco aburrido de hablar con tus vecinos (hacer QSO) cada día y cada noche, era hacer contactos con países lejanos.
Hoy chateamos con alguien en Australia con sólo encender el ordenador pero con los cacharros del 27 influía de tu situación y equipo, nunca podías saber que país o persona ibas a escuchar ni durante cuanto tiempo ya que todo dependía de la propagación solar por lo que el verano era la época perfecta para su práctica.
El Diexismo, o hacer DX (contacto) era para muchos un vicio cuando se hablaba con un país que “no tenías” procurabas a toda costa intercambiar tarjeta QSL (confirmación de contacto). Estas tarjetas se enviaban por correo postal e incluían los detalles de cada “estación” y daba una alegría recibirlas…
Esta es una de las muchas tarjetas que diseñé por aquella época, para entenderla deberías conocer el QRZ (alias) del radiaka, que omito también por si acaso, ya que la mayoría (todos) de los cebeistas hacían DX en frecuencias para las cuales no disponían de licencia.

Se pueden contar mil historias, recordar mil anécdotas, palabras de la jerga cebeista y muchas curiosidades y aunque me quedo con las ganas prefiero dejarlo aquí para retomarlo en otra ocasión.
Entre las muchas fotocopias con documentos de todo tipo que circulaban entre los radiakas encontré esta fotocopia del simpático perfil de un radioperador. (se desconoce el autor del dibujo)
¿No recuerda un poco la “papa” (micro) a un ratón?

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