junio 3rd, 2008
La granada “de rosca”
Este “juguete” tiene menos de construcción y más de pericia en su montaje, para aramarlo se necesitaba simplemente un par de tornillos iguales y una tuerca de la rosca correspondiente, cuanto más gordo sea todo esto mucho mejor, como comprobarás enseguida.
Los petardos comerciales y explosivos caseros fabricados con todo tipo de productos de farmacia y droguerÃa ejercÃan un efecto hipnótico en todos los chavales de todos los barrios del paÃs, pero este era un “juguete” explosivo, realmente peligroso.

Ahora habÃa que buscar unas cajas de cerillas, fosforos (o “mistos” como las llaman por aquà abajo). Las mejores cerillas para fabricar la granada de rosca eran unas que hace mucho tiempo no veo.
Aquellas cerillas eran de cabeza blanca y venÃan en pequeñas cajas, su palillo era de papel enrollado e impregnado en cera por lo que se podÃan desprender las cabezas simplemente girando su cabeza. La cajita tenÃa un rascador para encenderlas al estilo papel de lija.
he encontrado otras similares pero ya con la cabeza roja y el papel blanco y más similares a las “de cocina” que para la granada tornillera no sirven.
Commentario de Nicoletto (Gracias):
“Las cerillas blancas ya no se comercializan en europa porque están prohibidas ya que no son de seguridad, arden al rozar contra cualquier superficie sólida (como con la suela de las botas en las pelis de vaqueros). En EEUU se siguen vendiendo, pero en españa sólo vais a encontrar las rojitas ( de seguridad).

Para montar y añadir la carga a las granadas bastaba con enroscar la tuerca a uno de los tornillos procurando dejar espacio para añadir las cabezas de cerilla y rosca suficiente para enroscar el segundo tornillo sobre ellas.
Aquà tienes los planos secretos que aún conservo:

El siguiente paso era el más delicado, se trataba de, con nervios de acero, ir apretando los tornillos hasta conseguir llegar al lÃmite de presión suficiente para comprimir las cabezas de cerillas sin que estas se encendieran.
Si esto sucedÃa casi nunca explotaba, simplemente soltaba un humeante llamarazo con su ¡Ffffffffffffffhssss! correspondiente, pero algunas veces se producÃa deflagración por lo que todos nos ponÃamos muy serios y concentrados cuando llegábamos a este paso.

Una vez conseguido su punto exacto de montaje, todo estaba preparado para su lanzamiento , que podÃa hacerse contra una pared, lanzamiento para descerebrados porque al chocar contra ella la explosión despedÃa siempre uno de los tornillos podÃa agujerearte el cráneo, salÃan disparados a velocidades increÃbles.
Lo habitual era lanzarlo hacia arriba lo más fuerte posible para tener el tiempo suficiente de alejarse corriendo a la voz de ¡GRANADA! …y si aquello caÃa en posición vertical el tornillo salÃa disparado hacia arriba.
Lo divertido era correr sin mirar hacia arriba por si lo hacÃas en dirección equivocada y te caÃa en los morros.
A mayor tamaño de los tornillos más capacidad de carga de cerillas y por lo tanto más gorda la explosión, como era natural se experimentamos con todo tipo de variantes como hacerlos explotar poniendo los tornillos verticales en el suelo para arrojarles un piedro o enlazando tornillos sin cabeza para poder unirlos con siete tuercas bien cargadas de cerillas.
El problema era que tras varios lanzamientos se deformaban bastante y habÃa que ir mendigando por los talleres mecánicos para conseguir tornillerÃa de repuesto, ya que la caja de herramientas de casa ya habÃa sido saqueda tantas veces que ahora estaba adornada con un candado de los gordos.
Próximas enregas:
-Dardos naturales
-PinBall
-Cine en casa









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