[...] soy el único bobo mediocre que no entiende el rollo económico, otros burros más observadores y leídos hacen el mismo llamamiento [...]
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tittogarcía (8 comments)
Enero 24th, 2008 @
8:00 pm
Si algun dia pillas el libro autobiografico de Marx (Groucho,of course) el como casi todas sus explicaciones sobre el cuento de la vida lo explica perfectamente lo que es la bolsa: o sea un mercado totalmente irreal o sea virtual, o sea una partida de poker con farol casi siempre.
El explicó que durante un tiempo, por los años veinte fué invirtiendo su dinero en Bolsa, en acciones de la GoodYear, Y quedaba asombrado como sus acciones fueron subiendo hasta 25 veces su valor… y se preguntaba, bueno como puede ser que una fabrica de neumaticos, por mucha goma se llegue a inflar 25 veces su valor? increible, con las mismas maquinas los mismos obreros las mismas instalaciones…La respuesta a la inversa la tuvo cuando en el 29 cayó hasta el punto que no le daban ni para cambiar los neumaticos de su auto.
Esto es la bolsa una piramide permitida el juego mas irracional de la economia.
Tú lo has dicho: la Bolsa es un mercadillo, las acciones son la mercancía y los brokers se pasan el día regateando. Si yo voy a comprar y considero que algo vale menos de lo que el tío me pide, regateo a la baja; y el vendedor, que considera que vale más, regatea al alza… Y luego ya veremos quién acierta en su apuesta.
La cosa es que esa “inversión” se supone que sirve para que la empresa en cuestión haga algo con ese dinero y obtenga beneficios con ello, pero las empresas no “pierden” dinero exactamente, en todo caso pierden capacidad de inversión, y eso sí puede hacerles perder dinero (ganar menos) a la larga. Y si eso ocurre, mi inversión no es rentable y me valía más haberme quedado el dinero o invertirlo en otra cosa.
Si ahora la Bolsa se ha pegado un hostión tremendo es porque los apostantes “gordos” creen que las empresas van a ganar menos dinero de lo normal, y por lo tanto es menos probable ganar dinero con su inversión, así que recuperan su dinero y se lo guardan debajo del colchón a esperar tiempos mejores.
Al final los que palmamos pasta somos los pequeños apostantes, que siempre nos enteramos tarde de lo que pasa, cuando los grandes ya se han asegurado su tranquilidad.
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de profesión, humorista por obligación
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